Halcones y palomas rumbo al balotaje
El escenario electoral boliviano se acerca a una de sus coyunturas más delicadas desde el retorno a la democracia, a pocos días del balotaje del 19 de octubre de 2025. La ciudadanía observa con expectativa la confrontación entre los binomios Jorge Quiroga - Juan Velasco y Rodrigo Paz - Edman Lara.
Aunque formalmente se trata de una contienda democrática, en los hechos el proceso se asemeja más a una partida de “teoría de juegos” que a un debate programático. Las campañas se han polarizado no solo en términos discursivos sino también en la lógica de enfrentamiento: un duelo entre posturas beligerantes y moderadas, entre el Halcón y la Paloma.
La teoría del Halcón y la Paloma, derivada de los modelos estratégicos de John Maynard Smith y aplicada a la política, ofrece una metáfora útil para analizar a los actores en competencia. El Halcón encarna la estrategia agresiva, confrontativa, basada en el ataque y la demostración constante de fuerza. La Paloma actúa desde la contención, la búsqueda de conciliación y el cálculo racional de costos.
Cuando un Halcón se enfrenta a una Paloma, la balanza suele inclinarse a favor del primero, pues la agresividad no recibe resistencia equivalente. Sin embargo, cuando ambos optan por ser halcones, el conflicto escala a niveles que amenazan la estabilidad del sistema mismo. Ese parece ser el punto crítico al que se acerca nuestro país.
No se trata solo de observar qué dice cada candidato, sino cómo, ante quién y con qué intención. Aquí resulta pertinente la teoría del “juego de dos niveles” de Robert Putnam, que explica que los discursos políticos se construyen para dos públicos a la vez. Hacia afuera, los candidatos buscan seducir al electorado; hacia adentro, deben reafirmar su liderazgo ante su bloque político y militancia.
Así, un candidato puede mostrarse conciliador en el escenario general pero agresivo hacia sus bases para no perder autoridad. Esta lógica se observa en el binomio de Paz, especialmente en Lara, cuyo estilo incendiario refuerza cohesión interna, aunque ponga en riesgo la imagen frente al votante moderado.
En esa dinámica, el discurso político ha dejado de ser vehículo de ideas para convertirse en arma de confrontación. De un lado, se percibe una estrategia Halcón sostenida en medias verdades, promesas inalcanzables y provocaciones. Del otro, una postura más contenida que, si no logra traducirse en liderazgo convincente, puede ser vista como debilidad.
En política, el tono con que se promete importa tanto como la promesa misma: las palabras construyen adhesiones, pero también pueden destruirlas.
No obstante, el fenómeno no es nuevo. Bolivia ha enfrentado contiendas donde la retórica pesó más que los argumentos. Lo que distingue a este balotaje es la claridad con que los roles estratégicos parecen definidos.
Paz y Lara han apostado por el choque permanente, asumiendo que la victoria depende de movilizar emociones antes que razones.
Quiroga, en cambio, procura proyectar un perfil de estadista moderado, apelando a la experiencia y la gobernabilidad como atributos diferenciales. Surge entonces la pregunta: ¿qué busca hoy el ciudadano, un Halcón capaz de imponer decisiones o una Paloma capaz de articular consensos?
La respuesta no es evidente. La sociedad boliviana está fracturada por tensiones regionales, económicas y simbólicas. Para algunos, la moderación es sinónimo de debilidad; para otros, la agresividad es una amenaza.
La decisión electoral se convierte, así, en una reacción emocional basada en percepciones de riesgo más que en programas. El votante promedio no demanda héroes sino garantías; no quiere discursos inflamados, sino certezas.
Aquí la teoría del juego exige un análisis más fino. Si ambos candidatos siguen actuando como halcones, el conflicto discursivo podría escalar hasta poner en entredicho la legitimidad del proceso electoral.
Si uno adopta el papel de Paloma frente al otro, corre el riesgo de ser arrasado en la percepción pública. Y si ambos optaran por la moderación –una posibilidad remota pero deseable– abrirían un espacio de reconciliación política imprescindible para la gobernabilidad tras el balotaje.
La política, sin embargo, rara vez responde a lo deseable y se mueve en lo posible. Y lo posible depende de que los actores comprendan que el poder no se mide solo en la conquista del voto, sino en la capacidad de preservar condiciones que permitan gobernar después de ganar.
La agresividad puede ganar elecciones, pero rara vez construye estabilidad. La moderación puede parecer menos seductora, pero sostiene gobernabilidad. En un país con instituciones frágiles, el Halcón no solo amenaza a la Paloma: amenaza al sistema entero.
El autor es docente investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UMSS
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