
COLUMNA LUMINOSA
Filemón Escóbar, fanático trotskista, convirtió a su fuente laboral, el Nivel 42 de la mina de Siglo XX, en un instrumento poderoso de presión sindical ante la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). Me explico: Trabajador de interior mina, Filemón –más conocido como Filipo dentro de su mundo de agitación política– hizo del Nivel 42 la célula porista (del Partido Obrero Revolucionario) más efectiva de todo el sistema de la Comibol: 16 grandes empresas nacionalizadas con cerca de 30 mil trabajadores mineros.

CARA O CRUZ
Hace un mes yo me hubiera jugado por la idea de que Evo Morales era invencible en su partido, el que supuestamente controla todos los hilos y tiene la última palabra. Pero parece que no es así. El sillazo que recibió nada menos que en Lauca Ñ, en el corazón del Chapare, es muy decidor. Los gritos de “renovación” y “no al dedazo” son indicativos de cómo las bases del MAS ven a su antiguo líder. No quieren más imposiciones. Están hartos. Y, además, sedientos de pegas.

DESDE LA TIERRA
“¿Estás todavía ahí, Rodríguez?”, pregunta un profesor para saber si su alumno sigue en la clase virtual. Es uno de los muchos memes que burlan las incertidumbres de miles de docentes en todo el mundo, cuando las palabras se transformaron en ecos y los rostros en fotos fijadas a la pantalla.

DESDE LA REDACCIÓN
Hace tres años se presentaba en Bogotá el estudio “Control del cáncer, acceso y desigualdad en América Latina: Una historia de luces y sombras, una investigación”, en el que se revelaba que Bolivia es uno de los países de la región con atención más precaria para esta enfermedad. El testimonio vivo de estos datos son nuestros presidentes. Recientemente, el presidente Luis Arce hizo un viaje a Brasil para sus chequeos, ya que estaba con cáncer de riñón; en anteriores ocasiones, también fue noticia que Evo Morales tenía cáncer de garganta y se trató en Cuba.

SURAZO
Si un golpe de Estado es la toma del gobierno de un país con el auxilio de la violencia, ¿eso fue la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada? No. A Goni nadie le puso una pistola en la cabeza para que renuncie ni se le sacó de Palacio a empujones. Salió caminando, flanqueado por su gente, y todos vimos su partida por la televisión.

NOTAS DE CAMPO
La tinta perdida, es un viejo chiste que Slavoj Žižek cuenta en la introducción de su libro Bienvenidos al desierto de lo real y narra que en la extinguida República Democrática Alemana, un trabajador alemán consigue un empleo en Siberia; consciente de que su correo será leído por los censores, les dice a sus amigos: “Establezcamos un código: si la carta que les envíe está escrita con tinta azul, lo que en ella les diga será verdad; si está escrita con tinta roja, será falso”.

EN EL OJO DE LA TORMENTA
Como dice un colega columnista, existen expresiones que pueden sustituir con ventaja a otras mucho más formales para que el pueblo las entienda como se debe. Es lo que ha estado sucediendo últimamente con la fábula impuesta por Evo Morales y sus cortesanos en sentido de que, en noviembre del año pasado, se produjo un golpe de Estado en Bolivia y que no hubo fraude. Sin embargo, no ha faltado el ingenio popular, la ocurrencia justa, cabal, la definición perfecta: en Bolivia no hubo un golpe de Estado contra Evo Morales, sino una patada en el trasero.

JOSÉ GABRIEL ESPINOZA YÁÑEZ

CANDELARIA

PATIO INTERIOR
Entre fascinante y con un dejo repulsivo, el paralelismo entre Donald Trump y Evo Morales no cesa. Se parecen, realmente, como dos gotas de agua invertidas y también a la hora de su final se desempeñan –y despeñan– con un mismo guion. Esta vez, sin embargo, para solaz, goce y disfrute del espectador, pues ambos, ya también, van perdiendo en toda la línea.

