Alasitas, donde los sueños se cumplen
Miles de feligreses acudirán nuevamente el 24 de agosto a la Feria de Alasitas en Urkupiña a comprar todo lo que deseen tener con la confianza de que la “mamita” milagrosa les ayudará a concretar el próximo año.
Según las referencias históricas, la Fiesta de Alasitas comenzó en 1920 de manera paralela a la festividad de la Virgen de Urkupiña. La palabra proviene de la voz aymara que significa: “cómprame”, afirmó el periodista e investigador de la fiesta patronal, Walter Gonzáles.
Antiguamente, en la Feria de Alasitas existía un “banco de calvarios”, en el cual se vendían billetes de ficción con los que se podían comprar productos reales en miniatura mientras durase la fiesta, contó Gonzáles.
“En los billetes existían mensajes contra el sistema de explotación de los campesinos y sátiras a los hacendados”, explicó.
Además, solía realizarse dos juegos: el de la perinola, con un cubo alargado de cuatro lados, en cada uno de ellos se leía: “Todo, Ponga, Saque y Nada”; y la carrera de cochecitos sin motor en la que los niños fabricaban una pista de carrera. En ambos la recompensa era el dinero de alasitas.
La Fiesta de Alasitas de Quillacollo, desde sus inicios, tuvo como componente principal la canasta familiar, asociada a la abundancia, en ella “no puede faltar absolutamente nada”, para que en la casa tampoco falten los artículos de primera necesidad, dijo Gonzáles.
Agregó que otros elementos que conforman esta fiesta son los platos en miniatura, “las bebidas espirituosas en jarritas y tutumas pequeñas” y las masitas en miniatura.
Los feligreses compran las miniaturas “con mucha fe a la mamita” para que ella no les haga faltar nada y atienda sus necesidades del año. Estas adquisiciones después son bendecidas para que se cumpla todos los deseos, explicó el sacerdote Ariel Beramendi en un escrito sobre la “Historia del Milagro. Antología de Urkupiña”.
“La esencia de la fiesta es la esperanza, con la intercesión de la Virgen, por eso los jóvenes piden títulos, salud y unidad”, contó Gonzáles.
Sin embargo, en la década del 80, “hay una irrupción, una apropiación y una influencia demasiado grande de las Alasitas de La Paz en Quillacollo”, explicó.
Dijo que existe una diferencia entre ambas manifestaciones: “En la fiesta de Alasitas de La Paz vemos todo lo que está en el mundo real en miniatura, pero con una consigna: la fortuna. No se ve el bienestar”, dijo.
Esto ocasionó que a partir de los 90 se reproduzcan los billetes de verdad; además, se introdujeron nuevos elementos como parte de la globalización: los títulos, documentos de matrimonio y divorcio, vehículos, chuspas, más amuletos de la buena suerte, como parte del deseo de bienestar, comodidad, lujo, trabajo y salud que necesita la gente, añadió.
Este 24 de agosto comienza la fiesta de Alasitas en Quillacollo manteniendo la canastita, los platos típicos en miniatura, las masitas y los artículos introducidos por la tradición paceña. La fecha coincide con el día de San Bartolomé dentro del santoral católico.




























