La anomia universitaria
El actual reto de la UMSS es convocar a un Congreso Institucional para reformar tanto el estatuto orgánico como los reglamentos fundamentales (entre ellos el reglamento docente) y reconstituir su sistema de valores, su ethos
Aprovecho la efervescente atmósfera preelectoral en San Simón para decir unas palabras sobre los contornos de su persistente malestar. Resulta casi obvio señalar su carácter complejo, estructural. Sin embargo, el principal problema, fuente de recurrentes conflictos, es su desinstitucionalización (valga la inelegancia del término) que puede decantarse en dos planos: la discordia entre normas y hechos y la bancarrota de su sistema de creencias.
El estatuto orgánico de la UMSS está formalmente vigente, pero ha perdido su fuerza normativa; sólo se aplica parcialmente y con frecuencia es interpretado de manera antojadiza y sesgada, siempre en función de cálculos políticos. Un solo ejemplo es suficiente: según la norma, el Congreso Universitario debe reunirse cada dos años, pero en 27 años fue convocado sólo una vez, y de manera fallida. En fin, las reglas no se cumplen, se negocian, se suspenden temporalmente o se contornean sutilmente.
La universidad pública también ha sufrido la erosión de su sistema de creencias y valores sobre la cual se funda la comunidad académica. La “U” se representa a sí misma como un campo de guerra donde moran “enemigos” que deben ser derrotados. Las autoridades y los órganos de poder han perdido toda legitimidad.
El cuadro es tan grave que podría ser calificado como de anomia institucional. Sí, pero la noción no debe ser entendida avant la lettre como ausencia total de leyes, sino como un momento complejo y turbulento de transición entre un viejo y un nuevo orden institucional. Las normas se han vuelto anacrónicas y no pueden regular las rápidas dinámicas que ocurren en la educación superior. Esta contradicción genera un estado de confusión y ansiedad muy próximo al caos, según la conocida interpretación de Durkheim.
El estatuto orgánico fue aprobado en 1989, desde entonces la UMSS ha conocido transformaciones de gran calado que han cambiado su morfología, pero no su sistema normativo. Dos de ellas han sido claves. Primero, el crecimiento acelerado de la matrícula estudiantil con la incorporación de sectores sociales tradicionalmente excluidos de la educación superior: en la última década las universidades públicas bolivianas han doblado el número de estudiantes. Segundo, la universidad se ha diversificado institucionalmente con la creación de nuevas facultades, carreras, institutos y programas especiales; asimismo se ha diseñado y ejecutado cursos de posgrado en varios campos disciplinarios. Estos procesos la han convertido en un sistema altamente complejo, rodeado de incertidumbre por las distorsiones en su sistema de gobierno y por las encarnizadas luchas corporativas por los recursos públicos.
Por tanto, el actual reto de la UMSS es convocar a un Congreso Institucional para reformar tanto el estatuto orgánico como los reglamentos fundamentales (entre ellos el reglamento docente) y reconstituir su sistema de valores, su ethos. Una tarea demasiado seria, compleja y larga como para dejarla en manos de los políticos profesionales.
El autor es sociólogo.


















