Recuperar la agenda internacional
Son demasiado complejas las actuales circunstancias y si actuamos sin comprender los cambios que se van presentando en el mundo y la región, corremos el riesgo de ser ignorados en el concierto regional
Si nos ceñimos a una serie de actuaciones gubernamentales en el campo internacional, pareciera que su conducción está atravesando difíciles momentos, en circunstancias en que en la región soplan renovados vientos.
Es el caso, por ejemplo, de los ataques del Ministro de la Presidencia, en el seno de la Asamblea Legislativa a Estados Unidos y al Vaticano. O el sorpresivo viaje del Presidente del Estado a Cuba, dizque para recibir la máxima condecoración de este Estado. O la conformación de una comisión para diseñar la estrategia que seguirá el Gobierno en relación a las aguas del Silala. También las críticas y agresivas declaraciones de varias autoridades, incluido el Primer Mandatario, sobre la situación política de Brasil. O el apoyo de tipo consigna al mandatario venezolano.
No se trata de temas poco importantes, más aún en tiempos en que difícilmente se puede seguir esperando respuestas compasivas, y se corre el peligro de que por la improvisación y el predominio de deseos o intuiciones, el país quede cada vez más aislado.
De ahí que parece pertinente recordar que como dijo el Presidente del Estado en reiteradas oportunidades, la prioridad central de nuestra política internacional es recuperar una salida soberana al océano Pacífico, a la cual deben subordinarse otros temas que no por ello dejan de tener importancia. Y es precisamente esa cualidad la que exige erradicar la improvisación cuando se trata temas de esta naturaleza, de manera que la voz del país pueda ser escuchada.
En este sentido, a guisa de ejemplo, resulta incomprensible e incluso peligroso que en la comisión encargada de la estrategia y seguimiento del Silala no se haya incluido a un representante de la Gobernación de Potosí, que es la legal responsable del tema; lamentablemente han primado intereses sectarios, actitud que dificultará desde un comienzo su labor. En el caso del Ministro de la Presidencia, éste aprovechó una interpelación sobre las denuncias de tráfico de influencias para referirse sin competencia alguna a otros temas, entre otros, internacionales, cometiendo errores que, hay que estar seguros, serán debidamente tomados en cuenta en el exterior.
Si a ello se suman las varias muestras de creciente autoritarismo que el Gobierno está dando, como su insensibilidad para negociar con los discapacitados; el uso ilegal del Ministerio Público y de los jueces para realizar acciones de represión política, violando principios universales como el que establece que abogados defensores no pueden ser arrestados; el desarrollo de las investigaciones sobre tráfico de influencias, y un largo etcétera de abusos, el resultado es que la imagen del país y el Gobierno en el concierto internacional se encuentra seriamente dañada.
Frente a ese escenario, corresponde exhortar al Presidente del Estado a que recupere la agenda de nuestra política exterior y, de esa manera, evite que se caiga en la tentación de utilizarla como instrumento de política doméstica y menos como arma de combate ideológico y sectario. Son demasiado complejas las actuales circunstancias y si actuamos sin comprender los cambios que se van presentando en el mundo y la región, corremos el riesgo de ser ignorados en el concierto regional y, de esa manera, como ya lo hemos dicho, quedarnos cada vez más aislados.


















