¿Por qué el capitalismo no prende en el sur?
¿Por qué el capitalismo no prende al sur del río Grande, la frontera entre Estados Unidos y México? ¿Por qué los latinoamericanos, así como los asiáticos, los africanos y demás pobres del mundo huyen de la miseria y la violencia hacia el gigante del norte o a Europa occidental? ¿Por qué nadie huye a Cuba o Venezuela arriesgando la vida por morir ahogado, de hambre o siendo la presa de un tiburón?
Porque las élites de Latinoamérica y de otros países subdesarrollados han sido esencialmente precapitalistas e iliberales. Han sido, además, mercantilistas porque creen y utilizan el mercado, pero no son económicamente liberales, no practican ni permiten la libertad económica plena y la libre competencia, que los despojaría de sus monopolios y privilegios.
En 1949, el argentino Raúl Prébisch fue el artífice de la formulación de una doctrina económica para Latinoamérica desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), establecida por la ONU en Santiago de Chile. Allí, destacados economistas de tendencia socialista formularon una receta para sacar a Latinoamérica de la pobreza y el subdesarrollo. Diagnosticaron que el mayor obstáculo al desarrollo era nuestra “dependencia” de los países industrializados e idearon la estrategia de “industrialización mediante la sustitución de importaciones”.
Junto a Prébisch trabajaron, entre otros, el expresidente brasileño Fernando H. Cardoso y su coautor, el chileno Enzo Faletto, y escribieron sobre la dependencia y el subdesarrollo. Esa iniciativa fue acompañada por célebres intelectuales de izquierda que glorificaron esa estrategia anticapitalista, como el uruguayo Eduardo Galeano, entre otros.
Pero las élites latinoamericanas, incluyendo a sus hijos “progres”, siempre vieron a los pobres como desvalidos sociales a quienes se debiera proteger/defender. Y la estrategia “cepalina” se basaba en convertir a sus protoindustriales en “capitanes de la industria” propia, en nuestro continente. O sea, transformar a los ricos terratenientes en ricos industriales, a la vez que pretendían convertir a los campesinos en trabajadores industriales, en su propio proletariado lumpen. A la usanza de la industrialización europea de dos siglos atrás, que inspiró a Marx.
Sobra decir que aquella estrategia, luego de crear industrias artificiales a fuerza de políticas proteccionistas y enriquecer a unos cuantos, fue un fracaso. Sus propios inspiradores como Cardoso y Galeano se distanciaron de aquellas ideas.
Estudiando los programas económicos de los candidatos presidenciales chilenos, el país más avanzado y liberal del continente, llama la atención la persistencia de políticas asistencialistas y “subvencionistas” dirigidas a los más pobres, negándoles el tratamiento de actores económicos adultos, que por ser pobres no son tontos, y que con políticas de libertad económica y competencia justa podrían salir de la pobreza por sus propios medios.
Pero no. Sólo se les permite trabajar en la clandestinidad del sector informal, en contrabando, en tráfico de drogas, en la esclavitud obrera de la producción de coca, etc., para lo que es esencial una élite que los “proteja” del incumplimiento de “la ley”, que esta misma administra a su antojo. Esos son los “peronistas”, los populistas variopintos que necesitan que los pobres sigan siendo ilegales para que los sustenten, y permitan que ellos sí salgan de su pobreza material, convertidos en los nuevos gamonales que, paradójicamente, son los propulsores de las ideas “cepalinas” de las élites burguesas del siglo pasado.
A esos burócratas sindicales, dirigentes interculturales y traficantes de poder son a los que les aterra la liberación de los pobres. Han plantado el anatema, el fantasma y el mito de que la libertad económica, el liberalismo económico los empobrecerán aún más. Pero nada se compara con el socialismo del siglo XXI en su brutal capacidad de empobrecimiento y miseria.
El único sistema que ha sacado a miles de millones de la pobreza es el capitalismo moderno y liberal. Si no, pregúntenselo a los chinos o a los millones de pobres latinoamericanos que huyen hacia el norte, al capitalismo. Mientras que el carril de vuelta está vacío.
El autor fue ministro de Estado
Columnas de RONALD MACLEAN-ABAROA



















