Sin tregua
La guerra interna que se ha desatado en el MAS no da tregua a sus protagonistas.
Cada día surgen nuevas denuncias de corrupción o bien duras críticas a la gestión del presidente Arce, a la par que, como réplicas inmediatas, acometidas sin cuartel contra el expresidente y actual dirigente cocalero Evo Morales.
Entre esos ácidos ataques, se destacan las declaraciones de los ministros de Gobierno y de Justicia. Si antes se caracterizaban por defender la gestión de Morales, ahora son sus implacables jueces, incluso mediante lapidarios juicios retrospectivos.
Así, Del Castillo ha expresado textualmente que Morales “tiene cáncer” y, en un complemento para suavizar la primera parte de su diatriba, ha asegurado que tal cáncer fue su gabinete ministerial (¿habrá tomado en cuenta que el actual Presidente integró ese equipo de colaboradores?).
En la misma línea y tono, el ministro Lima, ahora transformado en acérrimo detractor de la cúpula evista, ha criticado líneas centrales de la administración del expresidente Morales, como la incoherente elección de magistrados, que ha profundizado la crisis judicial, pero fundamentalmente la falta de una política de protección a los indígenas y, sobre todo, la incoherencia entre lo que sostiene la Constitución Política del Estado y el incumplimiento del referendo del 21 de febrero de 2016, que rechazó un cambio constitucional para un cuarto período de Morales. Según Lima, si no se tiene el espíritu autocrítico de reconocer que el 21F y la búsqueda de la reelección no han sido precisamente una política coherente entre “lo que indica la Constitución que respeta el voto del pueblo y lo que se ha presentado, no somos coherentes y, por lo tanto, la credibilidad no va a ser del Instrumento ni del Gobierno”.
En reacción, como se sabe, el expresidente Evo Morales ha insinuado que el hijo del presidente Arce está involucrado en casos de corrupción vinculados al sector de hidrocarburos, mientras que el exministro de Gobierno Carlos Romero ha defendido a Morales de los ataques de los ministros Lima, Novillo y Del Castillo, para, finalmente, sostener que el de Arce es un gobierno que protege al narcotráfico y la corrupción.
Si se toman en cuenta los efectos de estos ataques y contraataques, cada vez más furibundos y letales, no es exagerado concluir que el MAS ha ingresado en una etapa de claro riesgo de implosión y, como lo han señalado analistas políticos, de acortar la vida política y partidaria del masismo tal como lo hemos conocido hasta ahora. En uno de los extremos, se sitúa Arce, a quien adjudican un claro triunfo sobre Morales, y que sería el próximo candidato del masismo, hoy favorecido por las encuestas, en tanto que en el otro frente un agresivo Evo, tratando de ser la opción para las elecciones de 2025, demuestra que está desesperado por llegar al poder, preocupado por acarrear un pesado porcentaje de rechazo que pone cuesta arriba su pretensión de candidatear.
Es una etapa de profundos cambios políticos, que podrían derivar en el fraccionamiento político del MAS, como ya ha sucedido con partidos como el MNR, que de monolíticos derivaron en la constitución de diversas siglas.

















