
ÁGORA REPUBLICANA
La ventaja que tenemos en en este momento en la construcción de una nueva narrativa política es el proceso de decantación natural que se está produciendo y que permite un ajuste en la construcción ideológica.
La gran debilidad existente es la ausencia de partidos políticos ideológicos y la falta de organización. Ambas carencias dejan la vida política, en una sociedad que se preció ser altamente ideologizada y ahora está en un limbo de consecuencias negativas previsibles.
No perdamos la oportunidad de conversar sobre una nueva narrativa que necesitamos urgente. Existen argumentos que demuestran que no estamos viendo todavía la misma película y para eso en ciencias sociales se elabora una línea de base, con elementos de los que se parte para desarrollar una propuesta común. Resumiré alguno de ellos, sostenidos con esperanza y buen genio.
La recuperación de la confianza en la democracia y el restablecimiento de su valor pleno, es un proceso que necesitará tiempo. Sembrada la duda perversa que los acuerdos eran un signo de debilidad de la derecha para hacer negociados y repartijas, mientras el aparato público era el coto de caza del MAS desde el cual se sembraban y devolvían favores corruptos, y que la identidad llevada a su máxima violencia logró meterse en la vida cotidiana conviviendo con la persecución y miedo, se generó el caldo de cultivo para debilitar y destruir la gobernabilidad democrática.
La creación de una nueva narrativa para la reconstrucción democrática de Bolivia necesita datos de la que todos estemos conscientes que son ciertos. Comparto algunos componentes de esa realidad que está costando aceptar.
Somos un país y una sociedad urbana. En el Censo de 1950, la población se distribuyó en 74% rural y 26% urbana. El de 2024, con los ajustes que se están realizando por la tendencia migratoria y el ejercicio del voto en ciudades, arroja un 80% urbana y 20% rural.
De la misma manera que resultaría una irracionalidad negar la vertiente indígena sobre la que se asienta una parte de la identidad boliviana, resultaba un absurdo mantener la negación sistemática de la realidad urbana y mestiza de nuestra construcción social.
¿Qué están esperando las mayorías parlamentarias victoriosas para evitar que el Gobierno derrotado siga cometiendo atropellos? Es verdad que los nuevos parlamentarios no pueden tomar medidas ahora, pero estando elegidos y conociéndose la conformación de las Cámaras, tendrían que establecer las garantías para que no sigan los atropellos y la desinformación de un Gobierno que no previó su derrota ni preparó su repliegue ordenado.
Luego de dos semanas de realizadas las elecciones nacionales, con la tranquilidad de haber contado votos y no cadáveres, como llegó a decir un orate, y con la tranquilidad del deber ciudadano cumplido, podemos verificar algunas evidencias y compartirlas para ver si estamos viendo la misma película.
La confusión ideológica que vivimos está dando lugar a los absurdos más simpáticos.
Para el fundamentalismo “libertario”, son malas palabras: izquierda, comunismo, social democracia, internacional socialista, pareciendo que estamos en las puertas de una guerra santa a muerte entre el profeta y el hereje, bajo la administración de Torquemada.
Cuando renunció y huyó Evo Morales y su gobierno, la solución constitucional se resolvió por la discutida sucesión constitucional en favor de Janine Áñez. Quienes desconocen la legalidad de la solución, desconocen y olvidan voluntariamente la situación de violencia en la que estaba Bolivia y las consecuencias que podría haber tenido un vacío de poder.
Ingresamos a la etapa final de un proceso que la historia deberá evaluar con espíritu muy crítico. En la relación costo/beneficio, cuando la humareda electoral se disipe, deberemos realizar un riguroso control de daños para tener conciencia correcta de la tarea que debemos enfrentar después de 20 años de pruebas complicadas.

