La planta de Bulo Bulo
La planta de urea de Bulo-Bulo es posiblemente uno de los proyectos más grandes de Bolivia en los últimos tiempos con un costo de alrededor de $us 953 millones y con una capacidad de producción de urea de 700 mil t/año. Se estimó que solamente el 15% de la urea producida podría ser absorbida por el mercado nacional, en aplicación al nivel de agricultura existente en el momento. Se esperó que el 85% restante de la urea producida pudiera ser exportada a países vecinos. Se cuestionó su ubicación, los costos de transporte y los términos de intercambio con respecto al mercado que lo consideraron ideal, es decir, Brasil. De las aproximadas 109 millones de ha, se estima que ocho millones son aptas para el cultivo y en el presente , menos de tres millones de ellas están produciendo.
En los últimos días ha surgido la noción de desmontar la fábrica y trasladarla a territorio de Santa Cruz, hacia la frontera con Brasil para eliminar el costo de transporte de urea producida y exportarla al país vecino. Esto sin embargo, si bien mejora el costo de transporte de la urea al mercado vecino no resuelve el tema del costo de desmonte y reinstalación de la fábrica, tampoco resuelve los términos de intercambio monetario para que dicha producción sea acomodada en el mercado vecino y no modifica el costo de producción. Peor, el mercado externo sigue siendo incierto.
Lo fundamental de esta insólita propuesta, es que la visión de Santa Cruz, en cuanto a desarrollo nacional es totalmente regional, aun si eso perjudica a los Departamentos vecinos y Cochabamba sufre mucho con este comportamiento excluyente. La visión de desarrollo nacional tiene que comprender que no se puede perjudicar a otros departamentos buscando el solo desarrollo de una región en detrimento del otro. La potencialidad que Cochabamba se convierta en un polo de desarrollo petroquímico requiere un replanteamiento sobre el objetivo, no sobre el traslado de dicha planta y necesariamente debe considerar los siguientes aspectos:
La fabricación de compuestos que proporcionan los nutrientes para las plantas debe ser balanceada; además de la urea, deben ser complementados con otros elementos como, nitrógeno, fósforo y potasio, para generar fertilizantes completos o mixtos. Ciertamente el amoniaco constituye la base para la producción de fertilizantes nitrogenados y también se pueden producir otros elementos en base al gas natural: ácido nítrico, amoniaco anhidro, nitrato de amonio, sulfato de amonio, y si al nitrato de amonio se le agrega piedra caliza tendremos nitrato de calcio.
En realidad estamos hablando de consolidar un polo de desarrollo en Cochabamba ya que nuestro departamento cuenta con grandes depósitos de fosfato y podremos producir los superfosfatos. También, los fertilizantes de potasio se fabrican a partir de salmueras o de depósitos subterráneos de potasa, sobre los cuales produciríamos cloruro de potasio con aplicación en la medicina/fármacos y en los procesamientos alimenticios; sulfato de potasio que ayuda a controlar el engorde y calidad de los frutos, haciendo que la asimilación de las plantas del recurso agua sea el adecuado para su crecimiento ya que ayuda en la permeabilidad de las membranas y el nitrato de potasio que también cuenta con aplicaciones agrícolas, y hoy en día fundamentalmente en la producción de plantas de energía solar.
Esto es algo que Cochabamba debe capitalizar y desarrollar con una visión renovada sobre todo lo que podemos hacer. Esto impulsará el PIB regional, no solo numéricamente, sino que daremos sentidos a los profesionales que formamos y valoraremos su aporte en la sociedad; la realización individual es importante para tener ciudadanos de bien. Generaremos fuentes de trabajo de profesionales y técnicos, aun antes de considerar su efecto multiplicador en áreas diversas. Reconocemos que proyectos petroquímicos tienen impactos positivos y negativos hacia el medio ambiente y en el lado positivo nos permite acrecentar la producción por hectárea producida, sin necesidad de ampliar la frontera agrícola en detrimento de foresta y otras áreas de preservación. En el lado negativo, por ejemplo, las aguas servidas pueden acarrear componentes que son o muy ácidos o muy alcalinos en detrimento de especies y también pueden contribuir a la eutrofización en las aguas. El control ambiental de estas plantas petroquímicas obliga a un constante monitoreo de los efluentes de las mismas, acciones que debemos completar.
Respecto a su ubicación, en un contexto nacional y geopolítico, al encontrarse la planta en el centro del país ofrece un abaratamiento en el costo mismo de los fertilizantes complejos y mixtos que tanto necesita la zona central y occidental del país. Esto puede mejorar la productividad sin consideración de extender una frontera agrícola lo cual nos permitirá abocarnos a una agricultura intensiva en lugar de extensiva y minimizará el agotamiento de las tierras cultivadas. Apliquemos conocimiento y tecnología en este campo, algo que por el momento no lo hemos visto. Además, la centralidad de la planta, ante cualquier problema bélico, permitiría al país continuar su actividad económica y aportar en cualquier eventualidad.
El autor es economista