El voto es el camino
Hay un dicho que dice “para que vamos a hablar del problema, si podemos resolverlo a bofetadas”. Obviamente, semejante afirmación es una ironía para explicar lo difícil que a menudo resulta llegar a acuerdos para poner fin a los conflictos en los que nos vemos inmersos. En verdad, muchas veces hace falta más coraje para sellar la paz que para seguir en la pelea.
Son ya más de 20 años los que llevo trabajando para Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en escenarios de postconflicto, en los Balcanes, en África, en Oriente Medio, ahora en Bolivia, y hay algunos patrones que se repiten en todos los lugares: la polarización, la negación del otro y los reproches mutuos tejen una tupida red de desconfianza difícil de superar, más aún cuando la afrenta está reciente y las heridas aún abiertas.
La receta para hacerlas sanar requiere grandes dosis de paciencia, de empatía, de escucha activa y, ¿por qué no?, también de pragmatismo. No existe una fórmula mágica. En cada lugar, los tiempos y las dinámicas internas son diferentes, pero si algo he comprobado en todos estos años es que la luz al final del túnel siempre tiene forma de ánfora.
Cuando se vota, se inicia un camino de no retorno hacia la estabilidad política. Después de un año convulso, Bolivia ya ha recorrido un buen trecho de esa senda. La elección del 18 de octubre de 2020 supuso un gran éxito del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) en lo organizativo y un alivio para el país en lo que tiene que ver con la paz social. El pueblo boliviano en masa –casi un 90% de participación– tomó la palabra y expresó su voluntad de mirar hacia delante.
Efectivamente, en octubre el OEP recuperó la credibilidad y la confianza del pueblo boliviano gracias a su gran trabajo para sacar adelante la elección en un contexto de enorme complejidad política, agravado además por la pandemia. Les aseguro que sé de lo que hablo porque, como parte del equipo del PNUD, llevo un año trabajando codo con codo con los colegas del OEP desde dentro de los tribunales departamentales en un proyecto de asistencia técnica que ha dado muchos y buenos frutos.
Ahora toca cerrar el círculo con la elección de nuevas autoridades departamentales y municipales. Muchas de las tensiones previas a las elecciones generales se han disipado y, aunque emergen otras de índole más local, ya no existe esa sensación de zozobra y el riesgo de quiebra social que vivíamos hace pocos meses. Es importante resaltar el compromiso técnico en los territorios: los tribunales departamentales están organizando las elecciones subnacionales del 7 de marzo con la misma solvencia, independencia, profesionalidad y transparencia que en las elecciones generales.
Sin duda, las elecciones y el voto solo abordan en forma parcial los desafíos sociales y estructurales del país, pero también ofrecen un mínimo común denominador aceptado por todos y todas, un punto de encuentro sustentado en los principios democráticos, y una nueva oportunidad para la construcción de democracia. Y desde esa certeza, quiero aprovechar esta tribuna para animar a toda la ciudadanía boliviana a sumarse con su voto para recorrer ese camino hacia la consolidación de la paz y la estabilidad democrática.
El autor es oficial electoral del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Cochabamba y Tarija
Columnas de MAURO CALVO