¿Doble aguinaldo?
En oportunidad de la firma del Programa Fiscal Financiero (PFF) 2022, entre el Ministerio de Finanzas y el Banco Central de Bolivia, se ha adelantado la posibilidad del pago del doble aguinaldo para este año. Tal previsión se fundamenta en un decreto del expresidente Evo Morales, que instruye la efectivización de este beneficio cuando el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que es el conjunto de los bienes y servicios traducidos en dinero durante un año en el país, supera el 4,5 por ciento.
Según el PFF 2022, este año el PIB tendrá un crecimiento de 5,1 por ciento, lo cual supera el límite establecido por la norma para el pago del doble aguinaldo; además, se ha fijado, en el mismo documento para las metas macroeconómicas, un 3,3 por ciento de inflación y un déficit fiscal del 8,8 por ciento.
El doble aguinaldo es en realidad un décimocuarto pago anual que los sectores público y privado deben desembolsar para sus plantillas de trabajadores. Surgió como una medida populista durante la administración de Morales, bajo la presunción de que todo iba tan bien que era una obligación compartir la “bonanza” con todos los asalariados. Más allá del discurso, afrontar la nueva obligación nunca resultó fácil, especialmente para las empresas privadas; a medida que el precio internacional del petróleo fue bajando, a partir de 2014, también la situación de las compañías se complicó, al extremo de que una gran mayoría de ellas tuvo incluso que endeudarse para saldar el doble aguinaldo y así no cerrar sus puertas. Pese a que, en promedio, desde 2014 el déficit fiscal, que es la diferencia entre los ingresos menores y los gastos mayores del sector público, es de 8 por ciento del PIB —este año será del 8,8 por ciento—, los gobiernos del MAS no abandonan la idea de pagar el doble aguinaldo, porque supuestamente tiene réditos electorales.
Sin embargo, hay un factor adicional que ha puesto en difíciles condiciones a la economía: la pandemia de Covid-19, que ha ingresado al país en marzo de 2020. Si ya eran notorios los síntomas de una desaceleración, las restricciones impuestas por las disposiciones de salud pública, como el confinamiento y el teletrabajo, entre otras, se tradujeron en una decreciente actividad económica, que llevó a muchas empresas a la quiebra o a los números rojos; se han dado situaciones en que los mismos empleados solicitaron reducciones salariales con el fin de evitar el cierre de sus fuentes laborales; otras compañías, con menores ventas e ingresos, recurrieron al endeudamiento para mantenerse en pie bajo tan complejas circunstancias. En la actualidad, esa situación de “economía de guerra” no ha cambiado y parece a momentos agravarse con los efectos de la invasión rusa a Ucrania.
Con todos estos embates negativos contra la aún convaleciente economía nacional, es un despropósito hablar de un doble aguinaldo para este año. Eso está bien para el discurso demagógico, pero no tiene relación con la realidad económica por la cual atraviesa el país.

















