Demanda de dólares
Desde este medio de comunicación, hemos cubierto el tema de la carencia de dólares con la máxima rigurosidad periodística, con el debido cuidado para cumplir la responsabilidad de informar (nuestra misión como medio de comunicación independiente) sin caer en el alarmismo.
A estas alturas, no se puede soslayar que la demanda de dólares supera la oferta, es un hecho real, concreto, palpable, visible, innegable y obvio, ya no se lo puede esconder, como no se puede tapar el sol con un dedo y menos echar la culpa de ello a los medios de comunicación y a los “opinadores” (como gusta llamar el Gobierno a los economistas que interpretan la situación ante la fría realidad de los números y al margen de lineamientos políticos).
Pero no sólo eso. Las medidas que ha aplicado el Gobierno para paliar la desesperación de la población (que hace largas colas, a veces bajo la lluvia, en puertas del Banco Unión o del Banco Central de Bolivia) han sido insuficientes para contener la demanda.
Y cómo no iba a ser así. Con bombo y sonaja, el Banco Central de Bolivia (BCB) anunció hace días la inyección de 500 millones de dólares para ser intercambiados por bolivianos en el mercado nacional, con la intención de mostrar que acá no ocurre nada, los dólares están allí, pueden adquirirlos cuando gusten.
Y aun así, nos encontramos con que en la calle los librecambistas los ofrecen hasta en 7,4 bolivianos. El pasado viernes fue detenida en La Paz una mujer que vendía dólares a ese precio.
Los analistas explican que, si el Gobierno ofrece 500 millones de dólares, la demanda llega a 800 millones, una brecha tan amplia que parece difícil revertirla a corto plazo, pero el Gobierno parece no entender las reglas de la oferta y la demanda ni los orígenes de la especulación.
Los analistas han dado recomendaciones que muy probablemente sean desechadas por el Gobierno, y quizá, incluso, haya otras soluciones. Las discutiremos en otro momento.
Lo que sí corresponde hacer notar ahora es que el problema no se va a solucionar amenazando con meter a la cárcel a quien especule y deteniendo a librecambistas que ofrecen el dólar a un precio más elevado.
Ello sólo crea miedo, incertidumbre, temor y susceptibilidad. La población se da cuenta de que algo ocurre y quienes tienen dólares deciden guardarlos, mejor no venderlos, por lo menos hasta que pase todo esto.
Aunque esté prohibido, cambiar la divisa estadounidense a un precio superior al de la cotización oficial es un negocio lucrativo. Las medidas de represión no van a impedirlo completamente y, en este contexto, solo crean más incertidumbre de la que ya hay y empeoran la situación.
















