
TEXTURA VIOLETA
Varias paredes de la ciudad de Tarija, al sur de Bolivia, han aparecido con grafitis feministas pintados en los muros del campus de la Universidad Juan Misael Saracho, del colegio Belgrano y de la parroquia Tercera Orden Franciscana, lo que ha provocado una ola de protestas por la destrucción del ornato público y, en las redes sociales, una marejada de insultos e improperios de parte de la sociedad conservadora citadina, hacia los colectivos feministas que los pintaron.
Cada feminicidio que se conoce ha salido en los medios (al menos como estadística) y, como noticia, estos hechos han sido acompañados de una imagen, sea en vídeo o fotografía, y ésta tiende a ser violenta, victimizadora, a veces reivindicativa de justicia y en muy rara ocasión con la representación del agresor.
Las personas tienden a juntarse con otras afines y parecería que eso nos da sentido de pertenencia y seguridad, de orden, de que tenemos la razón y estamos, además, más a gusto, eso pasa en el plano personal como también en el social. Las personas conforman grupos más grandes alrededor de pensamientos comunes, los cuales son casual o intencionadamente representados por medios de comunicación. Así se forman las burbujas informativas donde los medios dan a su público todo eso hacia lo que este está predispuesto a oír, leer y ver.
Hace unos años escuché a una mujer madura decir que, dada su experiencia, lo que entonces buscaba era simplemente un hombre limpio, trabajador y bueno, todo el resto sobraba. Era un comentario que parecía divertido, pero era sabio ¿Se imaginan al exministro Arturo Murillo merecedor de esas características? Iba a escribir sobre este personaje turbio, oscuro, sucio de sangre, corrupto y malvado que ha sufrido Bolivia a lo largo de 2020, pero prefiero hablar de otro tipo de hombre.
La tercera ola de la Covid-19 está en su máxima potencia en Bolivia y está arrastrando gente de todos los estratos. Esta situación se da en medio de una pugna político-masculinizada de quién manda y quién aplica o entorpece al otro las medidas para paliar la situación sanitaria, en lugar de hacer políticas feminizadas colaborativas enfocadas al cuidado de la población.
Si hasta hace nada los feminicidas, los violadores y abusivos de “familia bien”, con contactos, recursos económicos suficientes para solventar silencios y miradas hacia otra parte tenían la impunidad asegurada, hoy, gracias a las redes sociales, la solidez de su posición y su confianza en la sociedad que les amparaba está puesta en duda.
Pero… pero, ¿qué hace esta chusma ignorante votando? definiendo mi futuro, las políticas de Estado… Es algo que se escucha en ciertas calles de Bolivia y se lee, con otras palabras y llamativa insistencia, en varios artículos de la intelectualidad nacional. “La democracia es el poder de cualquiera”, desde un banquero a una campesina, recuerda el filósofo Jacques Rancière, un demócrata radical, que señala que esa posibilidad es justamente lo que escandaliza a la democracia de élites.
Las cartas escritas a mano ya no son habituales y con ello se ha perdido la posibilidad de ver en ellas el reflejo de la persona que escribe, la belleza de la caligrafía, la fuerza del trazo, las palabras dibujadas, el tejido de las frases (sin la ayuda del Word), su poder de transmisión de razón, de emoción... La expresidenta boliviana Jeanine Áñez nos dio esa oportunidad de apreciación y, además, nos llevó a preguntarnos ¿a quién le escribió esa carta?
Jeanine Áñez, la cuestionada expresidenta de Bolivia, ha iniciado la semana en la cárcel y, además, con la detención de otros miembros de su gobierno y colaboradores volvió a Bolivia un clima tenso de enfrentamiento entre las dos posiciones que hoy dividen al país y que parecían que se sobrellevaban con victorias y derrotas electorales desde octubre pasado, tras las elecciones generales, hasta las últimas semanas de elección de alcaldías y gobernaciones.
Esta semana acaba la intensa contienda electoral que de manera eslabonada se va desarrollando desde hace meses en Bolivia, con las elecciones generales de octubre de 2020 y las subnacionales del próximo 7 de marzo, para elegir esta vez a autoridades departamentales y locales, lo que ha llegado a ser insufrible por la falta de propuestas y políticas definidas, aunque los resultados, al parecer, serán una radiografía de la diversa y compleja sociedad boliviana.

