
TEXTURA VIOLETA
De un tiempo a esta parte, ha ido creciendo una ola de afirmaciones dudosas o falsedades descaradas respecto de la realidad boliviana, que lejos de revelar hechos ocultos o decir verdades, lo que hacen es cumplir su objetivo de generar mayor tensión, afirmar la radicalización y el enfrentamiento en las posiciones políticas polarizadas que hoy cruzan transversalmente la vida de la ciudadanía.
Cuando hay un hecho tan fuerte, como la violación y embarazo de una niña, mantenerse al margen y mirar a otro lado no exime de participación; al contrario, señala culpas y responsabilidades. Aquí haré énfasis en el papel de los hombres.
De acuerdo con muchos artículos de prensa dedicados a este caso, en la pequeña ciudad de Yapacaní, a 135 km de Santa Cruz de la Sierra, en el oriente boliviano, una niña de 11 años resultó embarazada por haber sido violada reiteradamente por el padre de su padrastro. No es el primero que le hizo daño.
En momentos de polarización política como la que vive Bolivia, la libertad de prensa se resiente con mayor intensidad dadas las posturas cerradas tanto de las partes que se enfrentan en la sociedad como de los medios de comunicación, periodistas y sus representaciones que, al parecer, inevitablemente participan de dicho conflicto.
Nuevamente se produce un enfrentamiento en la población boliviana fuertemente dividida y polarizada entre dos posturas de visión de país, representadas por el oficialismo y la oposición. Ambas tienen la defensa de la democracia y la justicia por banderas, aunque en algunos casos parecería que detrás también está una defensa personal ante errores políticos o actos cometidos.
Sobre el odio a las “minorías” escribe Arjun Appadurai, sobre ese odio “a vastas regiones y modos de vida como si estuviesen fuera de lo tolerable” porque se consideran “perniciosos y fuera del círculo de la humanidad”. Habla de las identidades predatorias que sienten ira por la presencia de “otra”. Identidades predatorias que sienten una “angustia” y una frustración ante la evidencia de que no son culturas puras, de que allí está ese grupo más débil y distinto recordándoselo, lo que les provoca furia y puede llevarlas a cometer atrocidades.
Este fin de semana se informó por la prensa que en Bolivia existen canciones cumbia que ponen en valor la actividad de contrabandistas a quienes se les llama “chuteros”, es decir que existe una especie de “chutocumbias” similares al narcocorrido. Por lo visto, son bastante populares en sectores sociales considerados marginales pese al gran movimiento económico que generan.
Eva Copa, alcaldesa de El Alto, sorprende. En los últimos días ha generado muchos comentarios en las redes sociales por su aparición, irreconocible para mucha gente, en traje típico indígena. Se vistió de cholita para un certamen de belleza en el que era parte del jurado.
Han pasado casi dos años desde las elecciones de octubre de 2019 y los posteriores hechos que derivaron en un enfrentamiento y polarización nacional que hoy no se resuelve en Bolivia y, al contrario, se reitera, se insiste, se machaca sin paz ni sosiego en lo referido a que entonces hubo fraude versus hubo golpe. En ello, los medios contribuyen día a día.
Durante una sesión del Senado boliviano, hace unos días, el senador del partido de gobierno (Movimiento al Socialismo, MAS) Hilarión Padilla se negó a debatir con Andrea Barrientos, jefa de bancada del partido opositor (Comunidad Ciudadana, CC), porque, dijo: “A mí no me gusta discutir con señoras. Yo respeto a mi mamá (…) entonces, no tengo por qué discutir con la hermana (senadora) porque al final es mujer. Yo no voy a pelear”. La aludida rechazó su machismo y anunció su denuncia formal.

