
CIUDADANO X
Años atrás, ante diferencias que iban alejando a muchos sectores del MAS (indígenas del oriente, cooperativistas mineros, cocaleros de los Yungas), el entonces vicepresidente Álvaro García Linera esbozó la tesis de las “tensiones creativas”, según la cual estos conflictos no implicaban contradicciones de fondo sino que eran parte de una efervescencia propia del crecimiento del “campo popular”.
No es que al ex presidente brasileño lo hayan afectado los vientos gélidos que suelen soplar desde tierras australes. O sí. Pero de lo que hablamos es de la propuesta lanzada por el candidato petista de crear una moneda única latinoamericana, que se llamaría “sur” y sería emitida por un hipotético Banco Central Sudamericano.
Esto, según sus palabras, “buscaría reforzar la soberanía monetaria de los países sudamericanos, para dejar de depender del dólar”.
Es conocida la autodefinición de Jorge Luis Borges como “anarquista conservador”, así como aquella frase donde refería: “Soy, como también lo fue mi padre, siguiendo la teoría de Herbert Spencer, un anarquista individualista que postula un mínimo de Estado y un máximo de individuo”.
Pocos días atrás, la vicepresidente argentina Cristina Fernández de Kirchner (CFK) confirmó la animadversión que tienen los representantes del Foro de Sao Paulo hacia uno de los principios fundamentales del ordenamiento democrático-liberal.
Lo hizo nada menos que en la asamblea de EuroLat, organismo que reúne a parlamentarios de Europa y América Latina, y que en esta ocasión se congregó en Buenos Aires.
No, esta columna no habla de cartas astrales y otros enigmas del zodíaco. El Marte del título es el dios de la guerra, que por estos días parece medir fuerzas con la deidad del comercio, Mercurio, en torno a la invasión de Rusia a Ucrania.
Putin ya hizo su apuesta por el primero, a fondo, de acuerdo a su visión geopolítica donde la conquista de territorios en la “Isla Mundial” de la que hablaba Mackinder, con la violencia que haga falta, prima sobre cualquier otra consideración.
Diversas circunstancias hicieron que el retorno de los populistas al poder, en Bolivia y Argentina, desembocara en un poder dual, con crecientes tensiones entre los jefes de gobierno y los líderes históricos de los respectivos proyectos.
En el primer caso, la rebelión ciudadana de 2019 contra el reeleccionismo indefinido hizo imposible una nueva candidatura de Evo Morales al año siguiente, llevando a la postulación de su ex ministro de Economía, Luis Arce Catacora, que en campaña ensayó un discurso conciliador.
El domingo pasado, la coalición que encabeza el presidente Luis Lacalle Pou demostró que sigue siendo la “mitad mayor” en Uruguay, ratificando la plena vigencia de la Ley de Urgente Consideración (LUC), que la izquierda pretendía derogar parcialmente.
El Frente Amplio apuntaba a convertir la consulta en un referéndum negativo sobre la gestión gubernamental, pero los resultados —casi un calco de los alcanzados en el balotaje del 2019— la transformaron en un espaldarazo a la administración “multicolor”.
Con algunas excepciones, en la mayoría de los países de la región el péndulo parece inclinarse otra vez hacia la izquierda. En Chile acaba de asumir la presidencia Gabriel Boric, en Brasil Lula tiene una intención de voto del 42%, en Colombia encabeza las preferencias Gustavo Petro, el MAS volvió al poder en Bolivia hace poco más de un año, Pedro Castillo (des)gobierna en Perú y Xiomara Castro ganó los comicios de Honduras.
Un par de semanas atrás, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) presentó en la OEA su informe final sobre los hechos de violencia acaecidos en Bolivia entre septiembre y diciembre de 2019.
Álvaro García Linera reapareció de su autoexilio académico en Buenos Aires, para esgrimir una advertencia sobre una supuesta “fragmentación popular” que podría afectar al MAS en las elecciones de 2025.
La nueva teoría linerista dice que habrían posibilidades de escisión entre el “liderazgo político y gubernamental” de Luis Arce y el “liderazgo social” representado por Evo Morales, y que ante ese riesgo deben buscarse alternativas de articulación.

