
CIUDADANO X
Parece un baile, pero es la descripción de los cambios políticos recientes en Bolivia. El paso al costado lo dio el exsocio de gobierno, el empresario y vicepresidente de la Internacional Socialista, Samuel Doria Medina.
Eso abrió espacio para una potencial reorganización del gabinete, pero la circunstancia fue desaprovechada, quedando todo en el “enroque corto” del excanciller Aramayo al Ministerio de la Presidencia.
El escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza falleció hace pocos días y la consigna de izquierda fue reducirlo al “amigo de García Márquez”, obviando su coautoría de un libro clave para el pensamiento liberal del continente. Hablamos del Manual del perfecto idiota latinoamericano, que Plinio Apuleyo escribió y publicó a mediados de los 90 junto a Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa.
Las recientes declaraciones del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, asegurando que “nunca jamás volverá a haber elecciones” en ese país, para “evitar que los yanquis pongan un candidato”, representan el desenmascaramiento final y la formalización de su dictadura, que ya puede ser calificada como totalitaria.
Para muchos, la llegada de Rodrigo Paz a la presidencia de Bolivia a finales de 2025 despertó una expectativa: su estilo cauto y alejado de los extremos se presentó en la campaña electoral como el antídoto para cerrar las heridas de la polarización.
Sin embargo, a ocho meses de iniciar su gestión, el país empieza a constatar que evitar la confrontación no equivale automáticamente a saber gobernar.
El intercambio epistolar entre los ensayistas Alcides Arguedas y José Enrique Rodó es uno de los más relevantes en la historia cultural de América Latina, representando el diálogo entre dos formas distintas de interpretar la realidad continental, que aún hoy resuenan en los problemas actuales.
Uno de los más notables ensayistas del liberalismo francés, Raymond Aron, acuñó la expresión “república imperial” para referirse a Estados Unidos, no en sentido peyorativo, sino como una categoría analítica para dar cuenta del fenómeno de una democracia constitucional que, sin ser un imperio colonial clásico y sin proponerse necesariamente conquistar territorios, ejercía una influencia política, militar y económica global.
Nuestros neocomunistas locales, en Bolivia y otros países del sur, que todavía creen en el Estado panacea y en la socialización de los medios de producción, deberían tomar buena nota del megapaquete de reformas económicas que está procesando la isla de Cuba, tendiente a reintroducir las relaciones capitalistas, la libre iniciativa privada y los intercambios de mercado.
Si bien el descarte de toda normativa contra los bloqueos fue parte del pliego petitorio sobre el que se firmó el acuerdo entre la COB y el Gobierno, las grandes mayorías del país, afectadas por las medidas extremas durante 50 días, no pueden permanecer pasivas y aceptar esa exclusión de la agenda legislativa.
Aunque todavía es temprano para establecer un desenlace definitivo en el ciclo de conflictos que vive Bolivia desde hace un mes y medio, hay señales que indican una tendencia al desbloqueo parcial y a la desmovilización de algunos actores rurales de los “movimientos sociales”, aunque persiste el atrincheramiento y radicalización del evismo.
Presa de una tradición autoritaria múltiple, donde convergen la romantización de los imperios precolombinos, del feudalismo colonial y de las sociedades cerradas (fascistas o comunistas), América Latina tiene una compleja historia en relación con la lucha por la libertad, que poco a poco ha logrado abrirse paso entre tanto obstáculo cultural, ideológico y estructural.

