
CIUDADANO X
Acabo de hacer un repaso de las presiones y ataques sufridos por la prensa en Bolivia durante el último trimestre de 2024, y el evismo aparece como el foco principal de estas agresiones, entendido tanto a nivel cupular (exministros, abogados del expresidente y el propio Evo Morales) como callejero (bloqueadores que atacaron físicamente a periodistas).
La llegada del segundo período de gobierno de Donald Trump ha inducido un giro muchas veces sorprendente, o quizás un sismo, en la doctrina de relaciones internacionales para EEUU, sus aliados y enemigos.
Ningún país vecino la tiene y supone una seria desventaja competitiva para el agro boliviano en general y cruceño en particular. Es una reliquia obsoleta de la reforma agraria, intensificada y empeorada a partir de la “reconducción comunitaria” iniciada por el evismo desde 2006.
Hace casi 90 años, el escritor y periodista venezolano Arturo Uslar Pietri, uno de los intelectuales latinoamericanos más relevantes del siglo XX, proponía “sembrar el petróleo”, o en otras palabras, apalancar una diversificación de actividades económicas para no depender en el futuro de ese ingreso único.
La guerra interna en el “instrumento político” está desgastando a ambos polos de la contienda: el evismo, que se contrae a la par de los procesos y acusaciones por estupro que pesan sobre su líder, y con las entregas al “imperio” de sus exoperadores en el tema del narcotráfico; y el arcismo, que no encuentra otra vía para asimilar el agotamiento del rentismo gasífero que no sea la acción punitiva sobre la economía de mercado.
Donald Trump ha designado un gabinete variopinto, con fichajes interesantes como el de Marco Rubio en el Departamento de Estado, potencialmente positivo para América Latina, y otros más cuestionables, como el de Robert F. Kennedy Jr. en Salud, quien podría encender controversias con la comunidad médica y científica.
El pasado viernes, la soledad política de Nicolás Maduro quedó patente, durante su ilegítimo acto de posesión presidencial. Ningún mandatario democrático acudió a la cita, ni siquiera los titulares de las potencias regionales menos alejadas ideológicamente (Colombia, México y Brasil).
La hermana República de Venezuela (me resisto al manoseado epíteto de “bolivariana”) estará muy cerca de un nuevo punto de inflexión en su lucha entre democracia y autocracia.
Es muy probable que el 10 de enero haya dos actos de asunción de la presidencia, uno del dictador Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores o en una base militar, y otro del presidente electo, Edmundo González Urrutia (EGU), en algún territorio venezolano a definir y con la posible escolta de varios exmandatarios latinoamericanos.
Por supuesto, se dirá al leer la siguiente lista que idealizamos. Pero a veces es bueno acordarse de aquella opinión del estratega Dick Morris, hacedor de presidentes, quien pragmáticamente aconsejaba adoptar el idealismo “porque funciona”. Veamos:
Que se liberen a todos los presos políticos, mediante amnistía general, irrestricta e incondicional.
Que el Estado “deje hacer” al agro. Que se produzca y exporte libremente, sin cupos ni controles de precios.
Siguiendo la pequeña tradición instituida en 2021, pauso por Navidad el comentario de la actualidad política, para hacer un recuento de eventos relacionados con las letras que, de alguna forma, me tocaron o en los que participé.

