
CIUDADANO X
En un mes y medio tendrán lugar las elecciones para el Parlamento Europeo, sus resultados pueden ser relevantes para América Latina si se consolidan las fuerzas políticas que promueven una mayor presión para el respeto a los derechos humanos en las dictaduras y regímenes híbridos de la región.
La semana pasada, participé como panelista en el “Podcast de la Libertad”, que emite desde Buenos Aires la Fundación Atlas. El tema central que nos convocó fue el debate sobre la obligatoriedad de la educación, abierto por una frase equívoca del diputado libertario Bertie Benegas Lynch, que incluso el presidente Javier Milei calificó de “absolutamente desafortunada”.
El reciente ingreso de la Policía ecuatoriana a la embajada de México en Quito, para detener al cleptócrata exvicepresidente Jorge Glas, tiene una historia previa que, no no justifica esa violación a la Convención de Viena, pero puede ayudar a entender el contexto de los sucesos.
En un comentario sobre un reciente estudio del Institute for the Study of War (ISW), el geopolítico François Soulard señala que “sintetiza muy bien lo que significa moldear el entorno de percepción en un conflicto, en este caso el de Ucrania y del mundo occidental y global. No hay guerra ni acción conflictiva hoy sin esta cognitive warfare (guerra cognitiva)”.
Regímenes como el de Venezuela, donde no existe un partido único al estilo de las viejas dictaduras leninistas, sino un partido hegemónico que coexiste con fuerzas real o supuestamente opositoras, a menudo suelen entenderse como una innovación dentro del repertorio de los autoritarismos. Sin embargo, un somero repaso de la historia muestra que el truco del pluripartidismo socialista es más antiguo de lo que se cree.
Tres expresidentes que fueron salpicados por escándalos de corrupción (Ernesto Samper de Colombia, Alberto Fernández de Argentina y José Luis Rodríguez Zapatero de España) visitaron Bolivia la semana pasada, en el marco de un evento sobre “nuevas arquitecturas financieras” que parece haber sido una excusa para intervenir en las pugnas internas del oficialismo.
La expansión del Tren de Aragua representa un salto cualitativo dentro de un largo ciclo de formación de milicias ligadas al narcotráfico y a un proyecto político continental.
En el principio fueron las narcoguerrillas de Colombia, que primero acudieron al tráfico como fuente de financiamiento, hasta que el “arma” se fue convirtiendo en su “alma”, en su razón de ser.
El antropólogo Claudio Lomnitz reunió siete conferencias dictadas en El Colegio Nacional de México, en un brillante libro titulado Para una teología política del crimen organizado, que ofrece varios conceptos analíticos que pueden ser de utilidad para nuevas aproximaciones a la interacción entre narcotráfico, Estado y sociedad, también aquí en Bolivia.
En el reciente aniversario del 21-F, el ministro de Justicia Iván Lima propuso que en simultáneo con las elecciones judiciales se realice un referéndum de reforma parcial de la Constitución Política del Estado (CPE), con el objetivo de explicitar plenamente, en el artículo 168, la prohibición de reelecciones presidenciales discontinuas, lo que implicaría el fin definitivo de la carrera de Evo Morales.
Días atrás, el extitular de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de Argentina, Juan Bautista “Tata” Yofre, subió a su cuenta de X un “Manual para la resistencia” atribuido al Instituto Patria, el espacio desde el cual Cristina Fernández forma cuadros y lanza consignas al kirchnerismo.
“El Instituto Patria (los K) distribuyen instrucciones a su gente para voltear al gobierno nacional que lleva 2 meses de gestión. Raro: ¿Por qué esconden los puntos 2 y 7? Se los mando para que estemos atentos”, escribió Yofre, quien suele estar muy bien informado.

