
CIUDADANO X
Un opositor de Angola, con largos años de experiencia en la resistencia a un régimen autoritario, me dijo en el Oslo Freedom Forum (Foro de la Libertad de Oslo) que es un error ver a estos sistemas como monolíticos, y que se debe aprender a detectar sus fisuras y heterogeneidades para golpear sobre ellas. En cambio, cuando se los ataca como a un todo, estos regímenes suelen cerrar filas y neutralizar las iniciativas de la disidencia.
Aunque en la cultura las disidencias contra el autoritarismo del régimen cubano se han dado desde los años 60 y 70, siendo algunos de los casos más emblemáticos los de los escritores Heberto Padilla y Guillermo Cabrera Infante, desde la década de los 90 la dictadura comenzó a perder gran parte de su aparato cultural, su poder blando, quedando cada vez más reducida al mero ejercicio del poder duro de carácter represivo.
“Algunos piensan que la victoria china es inevitable; yo no lo creo”. La contundente frase fue lanzada por José María Aznar, durante un coloquio realizado la semana pasada en el auditorio de la CAF en Montevideo, al que pude asistir, y donde el expresidente del Gobierno de España hizo comentarios sobre la expansión china que deberíamos tener muy en cuenta en Bolivia.
Los “turbo-patriotas” del Grupo Wagner, que decían luchar contra la tibieza y corrupción del alto mando militar ruso, tuvieron que dar una “turbo-retirada” hacia sus bases, tras un extraño incidente que, bajo cualquier hipótesis interpretativa que se maneje, mostró ante el mundo la debilidad del régimen de Vladímir Putin.
Durante los 14 años del gobierno de Evo Morales, su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), tendió a parecerse al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV): una estructura vertical con mando único y —a pesar de las heterogeneidades corporativas en su seno— con posturas monolíticas en el terreno parlamentario.
En el año 2022, los Gobiernos de cinco países en América Latina —Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y El Salvador— llevaron a cabo diversas prácticas de hostigamiento, restricción o persecución contra actores del arte y la cultura.
Se trata de dictaduras (los tres primeros) o de regímenes híbridos autoritarios, donde este tipo de prácticas ocurren de manera frecuente, por lo que deben medirse y registrarse exhaustivamente.
El Lula da Silva que volvió al poder después de su encarcelamiento por corrupción es una versión recargada de sí mismo, un Lula 2.0 aún más cercano a los dictadores latinoamericanos que en sus presidencias anteriores. Así lo ha dejado entrever, no sólo con sus maniobras para criminalizar a la oposición en su país, sino también con recientes declaraciones donde afirma que “la dictadura en Venezuela es una construcción narrativa”.
El partido neocomunista Podemos, surgido al calor de los millones recibidos de Venezuela e Irán, acaba de quedar prácticamente evaporado del mapa político español, a juzgar por su pobre desempeño en las elecciones autonómicas y municipales del domingo pasado. Las distintas formaciones regionales y locales bajo las que concurrió este partido apenas sumaron un 2% nacional, lo que al menos abre un horizonte donde el chavismo ibérico quedaría fuera de los escenarios de coalición por un buen tiempo más, o quizás definitivamente.
Agustín Laje congregó a más de mil asistentes en su conferencia del pasado sábado en Santa Cruz de la Sierra, dedicada a “la batalla cultural”. El conferencista argentino es coautor de ==El Libro Negro de la Nueva Izquierda, junto con Nicolás Márquez, y responsable de la mitad más razonada o argumentada de ese ensayo.
En Argentina, desde el arribo de Sergio Massa al “superministerio” de Economía hace nueve meses, se habla con frecuencia del “Plan Llegar”: la batería de medidas puestas en marcha por el político peronista para que la administración Fernández-Fernández llegue a las elecciones nacionales de este año, evitando un salto a la hiperinflación y en condiciones de perder por menos, ya que la victoria de su alianza es prácticamente imposible.

