
CIUDADANO X
Los sectores evistas que anunciaban un bloqueo indefinido de carreteras a nivel nacional decidieron “posponer” la medida para el mes de octubre, lo que en otras palabras es una cancelación elegante de la iniciativa.
Esto supone un hito importante en la pugna interna del MAS, en un giro claramente favorable para el ala que responde al presidente Luis Arce y que muestra a Evo Morales perdiendo capacidad de movilización y desestabilización.
Muchos de los movimientos sociales bolivianos fueron reinventados o creados en la década de los 90, por ideólogos nostálgicos de aquel Estado “ogro filantrópico” (al decir de Octavio Paz) que había sido parcialmente desmontado por las reformas semiliberales.
Debo a Ronald MacLean el conocimiento de la fórmula de Robert Klitgaard que sintetiza de manera magistral los mecanismos que posibilitan la corrupción y, al mismo tiempo, muestra una ruta de salida del tipo de prácticas que facilitan la existencia de las cleptocracias.
El kirchnerismo en general y el sector de Juan Grabois en particular, intentaron hace algunos días un boicot a las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de Argentina, un proceso donde temían un resultado que los posicionara negativamente para las elecciones presidenciales de octubre, como al final sucedió.
Mediante un proyecto de ley, el Gobierno boliviano busca poner en marcha un mecanismo con el cual los pequeños propietarios de tierras que así lo deseen pasarán a ser considerados medianos productores, medida que los sacará de la tramposa “inembargabilidad” de la tierra y les permitirá ser sujetos de crédito en el sistema financiero.
El conflicto interno en el MAS se desarrolla en tres dimensiones: es una batalla personal (Evo-Arce), sectorial (cocaleros-burócratas) y geográfica (el Chapare-El Alto).
No es ideológica ni afecta al alineamiento internacional con el club de las dictaduras globales (China, Rusia e Irán) y regionales (Cuba, Venezuela y Nicaragua).
Contrariamente a lo que se auguraba, España no logró un resultado claro en sus elecciones generales del domingo, manteniéndose en una incertidumbre que también nos alcanza en América Latina, habida cuenta de la protección que la “Coalición Frankenstein” liderada por Pedro Sánchez ofrece a los populismos autoritarios de la región.
Un opositor de Angola, con largos años de experiencia en la resistencia a un régimen autoritario, me dijo en el Oslo Freedom Forum (Foro de la Libertad de Oslo) que es un error ver a estos sistemas como monolíticos, y que se debe aprender a detectar sus fisuras y heterogeneidades para golpear sobre ellas. En cambio, cuando se los ataca como a un todo, estos regímenes suelen cerrar filas y neutralizar las iniciativas de la disidencia.
Aunque en la cultura las disidencias contra el autoritarismo del régimen cubano se han dado desde los años 60 y 70, siendo algunos de los casos más emblemáticos los de los escritores Heberto Padilla y Guillermo Cabrera Infante, desde la década de los 90 la dictadura comenzó a perder gran parte de su aparato cultural, su poder blando, quedando cada vez más reducida al mero ejercicio del poder duro de carácter represivo.
“Algunos piensan que la victoria china es inevitable; yo no lo creo”. La contundente frase fue lanzada por José María Aznar, durante un coloquio realizado la semana pasada en el auditorio de la CAF en Montevideo, al que pude asistir, y donde el expresidente del Gobierno de España hizo comentarios sobre la expansión china que deberíamos tener muy en cuenta en Bolivia.

