
CIUDADANO X
Evo Morales adelantó su postulación a la presidencia en el 2025, sin esperar a lo que dictamine el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), que podría fallar en contra de las reelecciones infinitas, en este caso no consecutivas, cerrando el paso a sus pretensiones.
Días atrás, la Casa Blanca emitió una instructiva al Departamento de Estado, para que en el Año Fiscal 2024 se incluya a una serie de países en la lista de los “mayores productores y mayores países de tránsito de drogas ilícitas”, entre ellos Bolivia. De igual manera, el documento califica a Bolivia, Venezuela y Birmania como “países que han fallado demostrablemente durante los últimos 12 meses en cumplir sus obligaciones, en virtud de acuerdos internacionales de lucha contra las drogas”.
La ruptura entre el presidente Luis Arce y Evo Morales no es un montaje teatral, como algunos suponen, sino una pugna muy fuerte y real de cara a las elecciones de 2025, donde el primero apuesta a ser reelegido y el segundo a retomar el sillón presidencial, que equivocadamente pensó que Arce le devolvería con rapidez.
Los sectores evistas que anunciaban un bloqueo indefinido de carreteras a nivel nacional decidieron “posponer” la medida para el mes de octubre, lo que en otras palabras es una cancelación elegante de la iniciativa.
Esto supone un hito importante en la pugna interna del MAS, en un giro claramente favorable para el ala que responde al presidente Luis Arce y que muestra a Evo Morales perdiendo capacidad de movilización y desestabilización.
Muchos de los movimientos sociales bolivianos fueron reinventados o creados en la década de los 90, por ideólogos nostálgicos de aquel Estado “ogro filantrópico” (al decir de Octavio Paz) que había sido parcialmente desmontado por las reformas semiliberales.
Debo a Ronald MacLean el conocimiento de la fórmula de Robert Klitgaard que sintetiza de manera magistral los mecanismos que posibilitan la corrupción y, al mismo tiempo, muestra una ruta de salida del tipo de prácticas que facilitan la existencia de las cleptocracias.
El kirchnerismo en general y el sector de Juan Grabois en particular, intentaron hace algunos días un boicot a las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de Argentina, un proceso donde temían un resultado que los posicionara negativamente para las elecciones presidenciales de octubre, como al final sucedió.
Mediante un proyecto de ley, el Gobierno boliviano busca poner en marcha un mecanismo con el cual los pequeños propietarios de tierras que así lo deseen pasarán a ser considerados medianos productores, medida que los sacará de la tramposa “inembargabilidad” de la tierra y les permitirá ser sujetos de crédito en el sistema financiero.
El conflicto interno en el MAS se desarrolla en tres dimensiones: es una batalla personal (Evo-Arce), sectorial (cocaleros-burócratas) y geográfica (el Chapare-El Alto).
No es ideológica ni afecta al alineamiento internacional con el club de las dictaduras globales (China, Rusia e Irán) y regionales (Cuba, Venezuela y Nicaragua).
Contrariamente a lo que se auguraba, España no logró un resultado claro en sus elecciones generales del domingo, manteniéndose en una incertidumbre que también nos alcanza en América Latina, habida cuenta de la protección que la “Coalición Frankenstein” liderada por Pedro Sánchez ofrece a los populismos autoritarios de la región.

