
CIUDADANO X
La situación de la libertad de prensa en el país sigue siendo crítica y se observan ciertos patrones en las amenazas, como las de diversos actores en gobiernos intermedios o desde el ministerio Público, que hablan de “replantear” la Ley de Imprenta (principal garantía jurídica en el tema) o que buscan maneras de convocar a los periodistas a los tribunales ordinarios, por fuera de los mecanismos previstos en la citada norma.
Paradojas del momento: el Partido Comunista de Venezuela (PCV), que está en la oposición, hace un análisis de la situación que resulta bastante certero, señalando que Nicolás Maduro está sembrando una “política del terror en los sectores populares del país”, incluyendo “operaciones psicológicas y de propaganda, no solamente para neutralizar las protestas, sino también para imponer una peligrosa matriz de opinión en la que defender la soberanía popular es lo mismo que ser fascista”.
El caso de Venezuela, donde Nicolás Maduro ha echado mano de un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) completamente alineado con su partido, con la intención de blindar el fraude realizado por otro órgano en los comicios o de justificar una nueva votación, debe llevarnos a reflexionar sobre la importancia de contar con nuevos magistrados en los principales tribunales de Bolivia, de cara al proceso electoral del 2025.
Si el “Gran Hermano” imaginado por George Orwell/Eric Blair en su novela distópica 1984 hubiese tenido que organizar una elección presidencial, no lo habría hecho de manera muy diferente al modo empleado por Nicolás Maduro en los recientes comicios venezolanos.
periodistas de larga trayectoria y que suelen estar bien informados advierten sobre el sofisma con que el evismo busca reinterpretar la debacle económica en función de sus intereses más oscuros.
“Gobernará en 2025 quien destroce esta proposición: ‘La crisis se debe a que los dólares están retenidos en el Chapare’. Es una falacia, pero eso están vendiendo los evistas, con éxito, entre las clases populares y media baja. La crisis favorece este mendaz discurso”, posteó Marco Zelaya en la red social X.
Claro que el Encuentro Multipartidario no fue el Pacto de la Moncloa, pero hacen falta acuerdos institucionales. Aunque estemos en un régimen híbrido-autoritario, hay que recordar que, en casi toda América Latina, a lo largo de los 80, políticos y militares tuvieron que sentarse a hablar, en público o en privado, para encontrar la salida a los procesos de facto.
Como decía Borges: “Los griegos empezaron a conversar y hemos seguido desde entonces. El diálogo es uno de los mejores hábitos del hombre”.
El modelo estatista, rentista y despilfarrador tocó fondo, y ahora el desafío es construir una solución liberal, no dogmática sino convocante, a través de un giro creativo y pragmático, para incluir a sectores que, a pesar de tener una práctica de mercado o capitalista, durante muchos años fueron absorbidos políticamente por el Movimiento Al Socialismo.
Luego del modesto hito que significó la Ley del Censo (trabajosa y precedida por amplias medidas de presión), a inicios de diciembre de 2022, el oficialismo no volvió a mostrar un esfuerzo similar de concertación, en el marco de un Legislativo tripartito (arcismo, evismo y oposición) donde ya no cuenta con mayorías automáticas, y donde la estrategia más viable sería lo que los españoles llaman “acuerdos de geometría variable” (sumando a veces con unos u otros).

