
CIUDADANO X
Un par de semanas atrás, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) presentó en la OEA su informe final sobre los hechos de violencia acaecidos en Bolivia entre septiembre y diciembre de 2019.
Álvaro García Linera reapareció de su autoexilio académico en Buenos Aires, para esgrimir una advertencia sobre una supuesta “fragmentación popular” que podría afectar al MAS en las elecciones de 2025.
La nueva teoría linerista dice que habrían posibilidades de escisión entre el “liderazgo político y gubernamental” de Luis Arce y el “liderazgo social” representado por Evo Morales, y que ante ese riesgo deben buscarse alternativas de articulación.
Que Evo Morales “regañe” públicamente al presidente Arce por mantener en su cargo a un viceministro es un termómetro más que significativo para evidenciar que la interna en el oficialismo está al rojo vivo.
Más cuando el exmandatario fugitivo acusa al Viceministro de Justicia de haber liberado a Gabriela Zapata cuando él llegaba al frente de su marcha a La Paz, con lo cual le quitaron todos los reflectores mediáticos.
La estrategia seguida por Vladimir Putin en Ucrania es sorprendentemente similar a la de Adolf Hitler en Checoslovaquia, cuando reclamó las regiones de los Sudetes, mayormente habitadas por una población germánica.
La pregunta es si también habrá un parecido entre el rol a jugar por el presidente estadounidense Joe Biden y el del primer ministro británico en 1938, Neville Chamberlain, quien entregó los Sudetes en el tristísimo Acuerdo de Munich.
Con la llegada en meses pasados del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) del sistema interamericano de derechos humanos, el gobierno de Luis Arce Catacora apostaba por una validación plena de la narrativa histórica oficial sobre los hechos de 2019.
La influencia del ex Foro de Sao Paulo (hoy Grupo de Puebla) en varios países del continente, y diversos radicalismos de izquierda que amenazan economías y democracias, son algunas de las similitudes detectables en varios procesos políticos de la región.
No son sólo personas o “liderazgos” (algo siempre tan volátil), sino representaciones sectoriales las que conforman el triángulo estratégico del Movimiento al Socialismo, hoy conflictuado por la tozudez de Evo Morales de ocupar el vértice superior.
Estos tres factores son:
“Es muy triste que la Corte de García-Sayán haya tirado por la borda la jurisprudencia construida con el sacrificio de muchos que se han arriesgado para limitar los abusos de las autoridades y de quienes manejan asuntos de interés público (…). La Corte ha privado a la región de una herramienta clave para luchar contra el abuso de poder y la corrupción, una batalla que seguimos perdiendo”.
No es mala idea la propuesta de un diputado opositor, de sugerir al gobierno de Luis Arce que envíe a Evo Morales a alguna embajada para alejarlo de la política nacional.
Venezuela, dice el parlamentario. Pero puede que esto termine siendo problemático para el régimen de Nicolás Maduro, ya que Morales y su historia de 2019 son la prueba viviente de que un movimiento ciudadano lo suficientemente contundente sí puede derribar a una autocracia. Lo mismo pasaría en Cuba, y a la enésima potencia, con las protestas juveniles.

