Evo y su indiferencia crónica a la resolución de conflictos
El presidente Evo Morales Ayma siempre tiene un problema para cada solución.
Su Gobierno se ha caracterizado por cultivar el arte de crear problemas que, con sus débiles intentos por solucionarlos, ha mantenido al pueblo en constante incertidumbre, postergando eternamente la resolución de conflictos que, paradójicamente, ha logrado convertirse en una fórmula política “productiva” y efectiva. “Productiva”, porque Evo parece comprender empíricamente que los problemas no se los debe negociar de inmediato ni saldarlos del todo. Mucho mejor si se los ignora, así, existirá mayor margen de maniobra para someter al contrincante, a la oposición, a los vendepatrias, o a los hijos putativos del imperialismo yanqui e imponer sus condiciones bajo amenaza de cárcel o juicio ipso facto.
Efectiva, porque ignorando el significado real y efectivo de resolución de conflictos como un proceso que tiene en cuenta, por un lado, las necesidades individuales y de grupo, como son la necesidad de identidad y reconocimiento y, por el otro, los cambios institucionales necesarios para satisfacer dichas necesidades, Evo se abstiene de consensuar y debatir los conflictos reales y los obvia de un solo plumazo para luego imponer una vez más su sagrada voluntad.
John Burton, fundador del Centro de Análisis de Conflictos del London University College y miembro investigador del Centro para el Análisis y la Resolución de Conflictos de la George Mason University, Virginia, afirma lo siguiente: “Resolución de conflicto significa la terminación del conflicto a través de métodos analíticos y que se dirigen a la raíz del problema. Resolución de conflicto, como opuesto a una mera gestión o ‘ajuste’, se orienta a un resultado que, de acuerdo con las partes implicadas, es una solución permanente del problema.
Puesto que busca acceder a las fuentes de los problemas, la resolución de conflicto pretende no meramente resolver el conflicto social inmediato, la disputa inmediata ya sea familiar o étnica, sino, a la vez, arrojar luz sobre la naturaleza genérica del problema y, de este modo, contribuir a la eliminación de sus fuentes y a la prevención de otros procesos. Es, en resumen, una solución analítica del problema”.
Históricamente, Evo Morales se ha caracterizado por no ser un caudillo que propone y busque una salida consensuada a los conflictos. Siempre fue un personaje de ruptura, de quiebre político, de transgresión a la cosa pactada, unitaria y colectiva.
Toda su trayectoria como máximo representante de sectores sociales, siempre estuvo en la dinámica de subvertir la lógica del diálogo y la resolución de conflictos.
Su política de, no sé de qué se trata pero me opongo, se convirtió en un potente “método de lucha” que, al final, de tanto martillar, lo llevó a ser Presidente.
Al Gobierno de Evo Morales no le interesa ni le resulta eficaz acceder a las fuentes de los problemas, a tocar la raíz de los conflictos y proponer el diálogo como condición, sine qua non, que encause a puntos concordantes la resolución a las graves deficiencias que aquejan al país. Evo se hizo a fuerza de bloqueos y de imposiciones, su “lucha” no se consolidó a base de razones y debates. Su acción siempre pudo más que su razón.
La razón fundamental de la resolución de conflicto, y que la distingue de otros procesos de ajuste en el sistema, enfatiza Burton, no es el idealismo o su orientación hacia los valores: es el realismo político.
La realidad indica que en Bolivia existen múltiples problemas sociales, políticos y económicos que nunca fueron resueltos por la vía del diálogo y el consenso. Se quedaron así, irresueltos, o fulminados por la negligencia y la intransigencia, buscaron sus posibles soluciones como pudieron: en los paliativos, ofrecimientos, mentiras, engaños o creando conflictos paralelos que a su vez desencadenaron en otros más letales.
Para Evo resulta más trascendental opinar de física cuántica que de lo que de verdad pasa en Bolivia. Evo ha acondicionado al boliviano a eludir las responsabilidades o a torcer la verdad hacia otras vías de solución.
Es capaz de opinar sobre los viajes a Marte, huracanes, extraterrestres, reelección, lo que pasa en Siria, Venezuela, Afganistán, Rusia, Corea del Norte y como siempre, condenar enérgicamente, y con toda convicción de seudo estadista latinoamericano, a Estados Unidos, denunciándolo como un peligro inminente para la seguridad social, ecológica, climatológica y astrológica mundiales. Pero no es capaz de abrir caminos de diálogo para resolver temas como el de Achacachi que, dicho sea de paso, podría convertirse en su espada de Damocles, el Tipnis, discapacitados, Panduro, corrupción, injusticias, salud, educación, empleo, seguridad, servicios. De todo eso no se habla porque son problemas intocables e impronunciables. Conflictos irresueltos que deben quedar así con fecha de expiración.
Achacachi requiere de una apertura del Gobierno hacia una mesa de diálogo, pero Evo no lo hará hasta que ocurra una tragedia, entonces sí asegurará que se trató de una “conspiración política” tal y como pasó con el secuestro y asesinato del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes.
Evo Morales se va encogiendo cada vez más y Felipe Quispe el “Mallku” se va engrosando de razones y motivos: “Van a seguir otros cinco, 10 años, van a ser supermillonarios, al Donald Trump lo van a superar estos millonarios que tenemos, pero en base al proceso de cambio, de vivir bien, en base de masacrar a la gente”.
Evo no se inmuta ante los conflictos, para su razonamiento, fortalecer el diálogo es sinónimo de debilidad. Su temple está en oponerse, ignorar y acusar. Su práctica de experto bloqueador contrasta terriblemente con su espíritu mediador en problemas internacionales. Opina sobre lo que se debe hacer y decir en Venezuela, acusa a los que defienden la democracia del dictador Maduro. Convierte lo ilícito en lícito.
Es un todólogo que, mientras aparenta posturas políticas frente a problemas externos, los conflictos en Bolivia se multiplican. Su reelección está echada.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.


















