Calidad y medidas urgentes en educación
La calidad de la educación concita el interés de columnistas en varios periódicos del país. He dialogado públicamente con Roberto Laserna sobre un tema que miramos desde ópticas diferentes. Pero, las visiones disímiles propias de una discusión académica no impiden encontrar opiniones convergentes. Su último artículo reclama una acción urgente para detener los fracasos en el rendimiento de los estudiantes, llamado que comparto, porque recoge una clara demanda ciudadana.
Se quieren resultados. Las reformas educativas, ciertamente, tardan en mostrar eficacia. Pero, mientras se remonta el empirismo que caracterizaba a los docentes, entre otras medidas, algunos resultados tienen que producirse.
Estudios exploratorios y el bajo nivel en los exámenes de ingreso a las universidades han disparado señales alarmantes sobre asuntos que requieren atención inmediata.
Cuando hablamos sobre este asunto, nadie puede lavarse las manos. Las autoridades ministeriales dan muestras de que advierten la necesidad de mejorar la calidad de la educación. Imposible pensar que el enorme esfuerzo económico, la ampliación de infraestructura y equipamiento, las oportunidades formativas para los docentes, la producción documental para los maestros… estén destinadas solamente a las fotografías y los informes internacionales ¿no?
Es destacable que el Ministerio de Educación anuncie –¡por fin!– el 2019 como el Año de evaluación de la calidad de la educación en Bolivia. Nuestras escuelas participarán en las pruebas internacionales latinoamericanas de la Unesco. Buen termómetro para el sistema educativo en lenguaje, matemática y ciencias naturales de primaria. Darán pautas para saber cuáles son las fortalezas y debilidades del proceso de enseñanza. También, ha anunciado que se implementarán procesos de autoevaluación institucional en comprensión lectora, escritura, pensamiento matemático, entre otros. Los maestros de primaria y secundaria cuentan con Cuadernos Pedagógicos, herramienta completa, aunque sumamente compleja, para el seguimiento cercano de sus alumnos. Señales positivas.
Sin embargo, los síntomas sobre los resultados, muestran que, hasta ahora, algo no ha funcionado bien. El Ministerio tiene que investigarlo, con apoyo de instituciones independientes. Una hipótesis sólidamente fundamentada internacionalmente es que el punto débil de las reformas está en la (in)capacidad de llevar al aula todo el bagaje conceptual de los documentos normativos.
Por el momento, la evidencia sobre resultados en secundaria está en el fracaso en exámenes de ingreso a la universidad. ¿Qué hacer?
Desde hace 30 años, Costa Rica realizaba un examen final al término del bachillerato. Este año lo ha cambiado por una prueba que se administrará el año previo, para poder intervenir, a tiempo, en procesos de aprendizaje, en lugar de solamente lamentar los resultados de una evaluación terminal. La prueba se llama FARO: Fortalecimiento de Aprendizajes para la Renovación de Oportunidades. Ese es un enfoque de alerta temprana. En lugar de evaluar a los estudiantes, evalúa el sistema de enseñanza, mediante una prueba diagnóstica, que permitirá atender a los alumnos oportunamente en el último año de bachillerato, de acuerdo a sus debilidades diagnosticadas.
Ignoro qué medidas vaya a tomar el Ministerio de Educación del Estado Plurinacional frente a los resultados recientemente obtenidos por sus bachilleres en varias universidades. Pero ¿qué tal si una prueba de ingreso a la universidad la administraran los colegios a sus estudiantes de quinto? Así, directores y profesores podrían saber en qué áreas de conocimiento y de competencias generales intervenir durante todo el sexto curso. Eso es algo factible. Pero, claro, implica un enfoque desde el aula, descentralizado, flexible, facultando a los colegios a ajustar su programa de estudios para atender las falencias de los estudiantes que piensen ingresar a la universidad.
¿Medidas urgentes? Son posibles mientras llegan resultados de evaluaciones e investigaciones, cuyo tratamiento requerirá, igualmente, flexibilización normativa y traslado de competencias decisionales a directores y maestros.
El autor es doctor en Ciencias de la Educación
jorge.riverap@tigomail.cr
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