El Rocha: ¿río o alcantarilla?
Se promulga la Ley 2256 en 2001, la Ley 2866 de 2004, se emiten 103 recomendaciones de la Contraloría en 2012, y 44 en 2015. Hasta hoy: ¿Qué hemos hecho por el río Rocha y la calidad del agua en Cochabamba?
La contaminación del río representa un problema de salud pública ya que sus aguas se utilizan para regar sembradíos que alimentan el ganado que provee leche a la principal empresa de lácteos del departamento de Cochabamba. En 2017, una investigación realizada por la Universidad Católica Boliviana y el Laboratorio de Grese (Francia) identificó la presencia de al menos 15 metales y 17 pesticidas en aguas del río Rocha. Metales como el cromo y el aluminio (0,127 mg.L-1 y 7,171 mg.L-1, respectivamente) en época de lluvias y el cadmio (0,025 mg.L-1), entre otros, en época seca sobrepasan los límites permitidos por la ley 1333 (0,005* mg.L-1, 0,05* mg.L-1 y 1* mg.L-1 respectivamente). Si estas aguas se destinaran al consumo directo, podrían ocasionar serios daños en la salud, como malestar estomacal, úlceras, debilitamiento del sistema inmune, disminución del crecimiento somático, alteración del ADN, hipertensión, deformidad fetal y cáncer. Si se utilizan para riego de cultivos, al contener pesticidas y altos grados de salinidad se pone en riesgo la capacidad agrícola de la tierra además de causar problemas estomacales en quienes la manipulan. De acuerdo al Reglamento en Materia de Contaminación Hídrica, estas aguas no deberían tener ningún uso.
El ecosistema del río Rocha es un indicador clave del estado ambiental de la ciudad, pues el 76% de la población del departamento se asienta en sus alrededores. Este ecosistema, según los resultados más recientes de la evaluación biológica realizada por la Fundación Gaiapacha, cuenta con la siguiente calidad de agua en Sacaba, Cercado y Colcapirhua: Aguas fuertemente contaminadas. El método de evaluación biológica, avalado y adaptado por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), permite conocer la respuesta de organismos sensibles a los cambios continuos del medio, que abarcan algunos episodios de contaminación discontinua pero crónica. Estos resultados representan el estado ambiental, no solo del río Rocha, sino de todo el sistema ecológico circundante de nuestra ciudad fuertemente contaminada. Recordemos que los ríos son ecosistemas en movimiento constante, por lo que transportan la contaminación a través del territorio: el nuestro se vierte en el río Caine y luego en el Grande para desembocar en un mar distinto al de nuestros mediterráneos caprichos.
El río Rocha es el principal receptor de los desechos líquidos domésticos e industriales del eje metropolitano de Cochabamba, desde 1950. El eje metropolitano (Sacaba, Cercado, Colcapirhua, Quillacollo, Tiquipaya, Vinto y Sipe Sipe) tuvo un crecimiento poblacional continuo: en 2001 contaba con 773.271 hab. (casi un millón), cantidad que se duplicó en 11 años, en 2012 había 1.536.145 hab. (millón y medio) y seguimos en aumento. Frente a tal crecimiento demográfico el Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Semapa) instaló un sistema de distribución de agua potable y alcantarillado en el casco viejo y la zona norte residencial de la ciudad, el resto del área urbana libera sus efluentes directamente a cuerpos de agua o en pozos sépticos, estos son limpiados por las únicas dos empresas en el rubro, que transportan los residuos a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Albarrancho (PTAR-A).
Los residuos líquidos recolectados por el sistema de alcantarillado (que alcanzan caudales de 800 L/s en época de lluvias) son prácticamente liberados de manera directa al río. Si bien una parte pasa por las lagunas de tratamiento que tienen una capacidad de 400 L/s, actualmente, la PTAR-A tiene el “canal de excedentes” abierto las 24 horas del día: o sea que lo que largamos por el inodoro, el caño del lavaplatos y la ducha (añado, los residuos industriales de curtiembres y mataderos) pasea hasta atrás del aeropuerto y luego se echa al río. Además, debajo de la carretera a Zofraco, un emisario que colecta el alcantarillado de la zona noroeste de la ciudad colapsó en 2004 y tras casi tres años de intentar controlar el desastre ambiental, en 2007 se opta por liberar estas aguas de alcantarilla al río Tamborada que, metros más adelante, se une al Rocha. Cabe mencionar que existen varias tuberías (quién dirá si son clandestinas) que liberan efluentes al río en su curso por Cercado, existen dos por la zona de la Costanera y otras en la zona de la Maica.
La planificación sectorial por comunas para la creación de plantas de tratamiento propias, o entubar el río y consagrarlo como la principal alcantarilla de la ciudad parecen las únicas opciones fiables para nuestro problema. La ley 2256 intenta aplicar un plan de emergencia para la restauración del río, la 2866 autoriza el uso de recursos del Tesoro General para este fin. Sin embargo, no es hasta 2010 que la Entidad Ejecutora de Medio Ambiente y Agua (Emagua) con ayuda de financiamiento externo, por supuesto, intenta poner en marcha el proyecto de Ampliación y Mejoramiento de la PTAR-A, el cual debió iniciarse en 2018, pero sigue paralizado ya que los dirigentes del Distrito 9 se oponen hasta hoy, pues piensan que “son las lagunas las que contaminan”, cuando en realidad ¡es todo lo demás!
Esta planta no es la solución, pero si una parte de ella. Nos toca a las presentes generaciones encarar esta problemática: cada semestre se titulan muchos ingenieros que podrían participar de pasantías o trabajos dirigidos por Semapa para comenzar a dar pasos hacia el monitoreo y el control de los efluentes. Alcantarillar los canales clandestinos y dirigirlos hacia Albarrancho. Ampliar y mejorar la PTAR-A con el compromiso de las autoridades de construir otras plantas de tratamiento regionales para el eje metropolitano. Plantear políticas preventivas de gestión del agua. Nos toca sensibilizarnos por nuestro medio, por nuestra Cocha, nos toca preguntarnos: ¿Qué hemos hecho por el río Rocha y la calidad del agua en Cochabamba?
* Valores del Anexo A del Reglamento en Materia de Contaminación Hídrica.
Columnas de NICOLÁS GONZÁLES




















