¿Cómo poner en práctica una crianza positiva?
Dar las herramientas necesarias a los hijos en los primeros años es imprescindible para un buen desarrollo y que crezcan felices. ¿Qué dicen los expertos sobre cómo criar de forma positiva a los hijos? ¿Cuáles son los principales errores? OH! conversó con el psicólogo Germán Burgoa y la psicóloga clínica Jimena Araos, quienes comparten las principales pautas para poner en práctica este tipo de crianza.
Para contextualizar el tema, Burgoa hace hincapié en la diferencia y la complementariedad de la crianza y la educación. Explica que la crianza básicamente se refiere a aquellos factores ligados a las necesidades básicas que tienen los niños como la alimentación y la salud, entre otros; mientras que la educación habla de los procesos en los cuales se le brinda al niño todas las herramientas que le van a servir para adaptarse e integrarse adecuadamente en un sistema social de manera positiva.
“Estos dos conceptos, crianza y educación, sólo pueden ser transmitidos por ambos padres. De manera primordial, cuando decimos ambos padres, hacemos referencia a que la educación y la crianza positiva no es solamente de la mamá en algunos aspectos o del papá en otros, sino de ambos en concordancia y acuerdo en función a las expectativas que ellos tengan de la formación de sus hijos”, destaca. Recalca que, desde este punto, los padres deben tomar en cuenta para la educación y la crianza aquel conjunto de normas, reglas y hábitos que van a regir la vida de sus hijos al interior de la familia y de la sociedad.
El experto resalta que la crianza y la educación son una práctica cotidiana, tienen que ver básicamente con aquellos hábitos que se van a transmitir a los hijos, no de manera verbal, sino de manera práctica y vivencial. Hábitos positivos como alimentación, sueño, higiene, tareas e incluso la recreación y el juego.
Araos añade que la crianza positiva busca garantizar el bienestar de los niños. Tiene que ver con buenas prácticas, establecer un apego seguro y límites claros, hablarles sobre sexualidad, enseñarles a resolver conflictos, repartir tareas y responsabilidades. “Tiene que ver también con el cumplimiento de derechos de los niños”, destaca.
“El simple hecho de enseñarle a un niño que cada contexto y cada lugar tienen una función le permitirá saber actuar en determinadas situaciones”, afirma Burgoa. Explicarles, por ejemplo, que no se juega en la mesa, ya que es un lugar donde se sirven los alimentos o se realizan actividades como las tareas. “Si permitimos al niño jugar mientras come, levantarse, tirar los alimentos o cualquier conducta que no sea concordante con el contexto y la situación, este niño posteriormente generalizará este comportamiento en todas las mesas en las que le toque interactuar”, agrega y señala que, de ser así, habrá problemas cuando el niño salga de la casa y tenga que adaptarse a una situación social.
CONSEJOS
Desde su experiencia profesional, Araos comparte los siguientes consejos para poner en práctica la crianza positiva:
• Establecer límites. “Frustrar al niño no tiene que ver con falta de amor. La sobreprotección es una forma de maltrato, de evitar que los niños desarrollen todas sus capacidades”, indica. Uno piensa que es decir no a todo, pero también tiene que ver con decirle al niño que tiene que dejar sus juguetes ordenados antes de dormir, enseñarle que tiene que recoger o poner la mesa y establecer una rutina u horario claro. Otro aspecto importante es dar a conocer consecuencias claras cuando no se cumple una consigna. Araos sugiere que las consecuencias tienen que ser inmediatas y que incorporen opciones de conducta cuando algo así vuelva a presentarse.
• Saber que se van a frustrar, acompañarlos y contenerlos.
• Enseñarles a conocer sus emociones para que puedan expresarlas y gestionarlas de forma adecuada.
• Dejar de pensar de esta forma tan exitista. Araos explica que es común que los niños sean medidos de acuerdo a la cantidad de habilidades; sin embargo, recomienda que es importante que puedan tener tiempo libre, un espacio también libre de pantallas. La psicóloga clínica expone que cuando están permanentemente llenos de actividades, no se da espacio para que puedan desarrollar su creatividad.
•Ambos padres deben estar de acuerdo en normas similares y criterios educativos. “Que no haya disparidad en esto. Para eso, es importante el diálogo entre padres y cuidadores”, subraya Araos. Burgoa coincide también con ello y agrega que de esta forma se evitarán contradicciones y descalificaciones, las cuales emergen en trastornos de conducta.
•Garantizar el apego. “No sólo darles cosas a los niños, sino también enseñarles a valorar lo que tienen, el respeto al otro, al espacio personal y a los tiempos”, resalta Araos. Señala como importante también que el niño sepa que las figuras de apego confían en él.
LOS ERRORES MÁS COMUNES
Burgoa señala que si las situaciones apuntadas a continuación forman parte del modelo familiar, es muy probable que los niños hijos no desarrollen estructuras de personalidad fuertes y estables que les permitan manejar positivamente sus capacidades. Uno debe estar alerta a estas situaciones educativas negativas:
• Problemas en el acuerdo entre papá y mamá sobre las normas reglas y hábitos que deben ser parte del modelo educativo cotidiano.
• Abandono y delegación de roles a personas que no sean el padre o la madre. “No importa la situación, el impacto del abandono sobre los niños y niñas es siempre negativo y no tiene nada que ver con el trabajo, viaje, enfermedad o cualquier circunstancia que haga que los padres estén alejados de sus hijos”, afirma el especialista. Explica que esto siempre va a repercutir negativamente, ya que frente a la ausencia se delega a terceros lo más importante: la educación de los hijos. “Es así que, muchas veces, los abuelos, parientes cercanos, niñeras u otras personas hacen el trabajo que es exclusivo de papá y mamá”, asevera.
• Modelo familiar en el que predomine la violencia, ya sea directa o indirecta. Se toma en cuenta como violencia tres formas de relacionamiento: violencia verbal, violencia física y violencia emocional. “Los modelos familiares en los que impera la violencia, ya sea por relaciones disfuncionales entre padre y madre o por padres emocionalmente inestables, van a generar serios conflictos en la construcción de la personalidad de los niños que a la larga también se reflejarán en adultos violentos”, apunta Burgoa.
• Exceso de mimo y sobreprotección. El psicólogo manifiesta que estas formas de relacionamiento en las que los padres piensan, deciden y actúan por sus hijos, incluso hasta edades avanzadas, provoca situaciones de inseguridad, dependencia, miedo e incapacidad de resolver los problemas por uno mismo. Influye negativamente también en el emprender ideales en base a objetivos personales, así como puede derivar en conductas impositivas y/o agresivas, en las que los chicos piensan que solamente ellos son importantes. “La sobreprotección y el exceso de mimo proyectan esa falsa imagen de que ellos son lo único y más importante. Este tipo de relacionamiento es el más peligroso para no lograr un modelo de crianza positivo”, afirma.
• Pensar que darles afecto o amor es equivalente a evitar que pasen por necesidades o no tengan que enfrentar conflictos. Burgoa también destaca que es importante enseñarle al niño a frustrarse, a postergar sus deseos y necesidades de acuerdo a las prioridades que la situación le impone. “Debemos enseñarle al niño a que no siempre va a conseguir lo que quiere y en el momento que lo quiere. Debemos generar en nuestros hijos situaciones en las que ellos resuelvan los problemas haciendo uso de sus capacidades”, destaca. Sin embargo, explica que esto no quiere decir que haya momentos en los que los padres tengan que intervenir cuando las capacidades del hijo o hija están siendo superadas por los conflictos.
• Asumir que los niños siempre deben ser felices. Araos señala que los niños necesitan frustrarse y también aburrirse. “Niños que tienen una tolerancia mínima a la frustración, no pueden negociar y hacen pataletas, a una edad son esperables, pero a largo plazo, pueden generar grandes dificultades”, acota.
orientacion1.jpg

ESTUDIO
Alrededor del 5 por ciento de los niños tiene Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), un trastorno provocado por una alteración del proceso normal del desarrollo de algunas áreas del cerebro responsables de regular el autocontrol. Cuando estas áreas no funcionan correctamente, pueden aparecer problemas relacionados con los estudios, la conducta y las relaciones sociales.
El deporte se recomienda como una medida eficaz para mejorar el comportamiento y fomentar el autocontrol de los niños con TDAH. Pero un estudio reciente, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Montreal (Canadá), ha determinado que los síntomas también mejorarían con una crianza positiva por parte de los padres, basada en el apoyo, un ambiente familiar estable y seguro, la autonomía mediante tareas estructuradas y, por supuesto, el amor. El estudio fue publicado en la sección online “Development and Psychopathology” de la Universidad de Cambridge.
















