El país al que quiero volver
No señor Camacho, no. Evo Morales no fue compañero de colegio de Álvaro García. Yo fui, y al igual que él, y estoy seguro más que él y mucho antes, fui, y muchos otros más fuimos testigos de una interminable avalancha de injusticias sociales y económicas. Humanas, simplemente humanas.
Tergiversaciones interpretativas de por medio hubo desde siempre. No hay que entrar en la estupidez que se denuncia. Hay que entrar, porque se busca, en la simple realidad de las muchas realidades existentes en Bolivia.
En algún momento eso es lo vimos en el avance histórico que lideró Evo Morales. Tuvimos, sí, que interpretar lo que a simple vista para el señor Morales era solo el siguiente paso. Parecía que nos costaba aprehender algo que ya habíamos adquirido y por ende deshacernos no era fácil. Sin embargo, de esas muchas realidades había una que se escapa, la injusticia contra al menos el 40% de la población.
Han pasado los años, casi tres lustros, y, evidentemente los últimos al menos cinco años han sido de un avance bastante relativo. Se pregona que el engaño es constante, que la corrupción ha alcanzado niveles que superan lo imaginable. Que los fantásticos ingresos han sido despilfarrados.
En algún momento pregunté a alguien de mayor experiencia acerca de si creía en la democracia. Antiguo militante del Partido Comunista Boliviano, pero ya partícipe en el movimiento de crecimiento personal competitivo en el mercado, su respuesta fue clara. No. No creía en la democracia. Creía en el comunismo. Con este paréntesis continúo. El paréntesis es necesario porque creo que los que sí creemos en la democracia sabemos que ella traerá justicia para interpretar si hubo o no crímenes. Este punto es innecesario en este momento.
En este momento es necesario reconocer que ahora, gracias a las dos primeras gestiones de este gobierno, tenemos al frente lo que podría ser una sola Bolivia. Es necesario reconocer que los obstáculos que se pusieron delante del proyecto de desarrollo social y económico no vinieron de individuos o instituciones. Los obstáculos fueron sistemáticos. La propia estructura de poder no ha reconocido plenamente lo que por democracia se obtuvo. Discriminación y racismo. Temor. Temor a lo desconocido.
Nuevamente estamos frente a lo desconocido. La diferencia estriba que ahora sí podemos dar el paso adelante. Hacer de Bolivia una sola realidad. La democracia nos dice que llega un momento que existe anquilosamiento. Podemos perder, es más, perdemos perspectivas porque nuestras inversiones personales nos impiden reconocer la necesidad de cambios. Nos hemos vuelto conservadores, aunque la palabra sea un insulto.
Lo que necesitamos, los ciudadanos comunes y corrientes, es que los líderes actúen como estadistas. El siguiente paso puede que sea mi fin político, pero será un serio y necesario avance para Bolivia.
El autor es expresidente del Centro de Estudiantes del Colegio San Agustín
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