La gestión ambiental
El problema que hoy tenemos con la basura –con un botadero que casi ha cumplido su ciclo, sin opciones para la industrialización ni hábitos citadinos de separación y reciclaje de los residuos.
No es el único conflicto ambiental que afronta el departamento de Cochabamba. Sin embargo, es una muestra de que la gestión ambiental quedó relegada en los gobiernos municipales y la Gobernación.
La contaminación del río Rocha es quizás el ejemplo más claro de que la gestión ambiental –entendida como el conjunto de prácticas y procedimientos que aplican los gobiernos locales para reducir el impacto de las actividades humanas que generan daño al entorno– fue descuidada, jamás se la priorizó, a pesar de su importancia e impacto en la calidad de vida de los cochabambinos.
El río que pasa por la ciudad capital está convertido en una alcantarilla abierta y poco o nada se hace para evitar que los municipios del eje metropolitano, desde Sacaba hasta Sipe Sipe, pasando por Quillacollo, descarguen sus aguas servidas en el cauce de este afluente, considerado un cochabambino.
En el pasado, el Rocha ayudó a los agricultores a cultivar maíz y otros productos agrícolas y a sustenta así a la población de su área de influencia. Sin embargo, ahora está contaminado con aguas grises, residuos químicos, basura y en varios puntos se descargan aguas servidas de forma clandestina.
A pesar de los intentos de construir al menos 11 plantas de tratamiento, en los municipios del eje metropolitano, sólo se emplazaron dos en el municipio de Sacaba. En tanto, que otros, como Quillacollo y Colcapirhua, aún no concretan sus proyectos por los conflictos sociales que genera cada intento por construir plantas de tratamiento.
Otro de los temas ambientales pendientes es la aplicación del plan de manejo del Parque Nacional Tunari, que está amenazado por la expansión de los asentamientos ilegales y los incendios provocados precisamente para arrasar más terrenos y ocuparlos luego.
El principal “pulmón” de Cochabamba está en riesgo, pero las acciones se limitan al control de los incendios y la mayoría de las tareas se delegan al Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), porque los municipios no lograron articular una estrategia metropolitana para proteger este parque nacional y, además, trabajar en el manejo y gestión de sus cuencas, que si no se intervienen pueden causar desastres, como los dos aluviones que afectaron a Tiquipaya, en 2018 y 2020, con pérdidas fatales.
El estado del río Rocha, la gestión de la basura y la protección del Tunari son solo ejemplos que deben servir para interpelar a los gobiernos locales y departamentales sobre cómo encarar y jerarquizar la gestión ambiental. Además, se deben unir y tender puentes entre las instituciones para trabajar en proyectos ambientales que consigan involucrar a la ciudadanía toda.
Columnas de EMILIO MARTÍNEZ CARDONA






















