Ser madre en tiempos postmodernos
Yo veía a mi mamá como se afanaba por preparar el almuerzo, limpiar la casa hasta que quede impecable para la llegada de papá, el reloj pitaba las 12:00 y el chairu ya estaba servido y humeante en la mesa, con la radio Panamericana de fondo, luego de la comida todo empezaba nuevamente, pensar en la cena.
Eran otros tiempos, al parecer la vida era más tranquila, menos caótica, la madre se dedicaba en exclusiva a las tareas domésticas, cuidado del esposo, los hijos -que como mínimo eran cinco- y el hogar, para ello se quedaba en casa, dedicada a las múltiples tareas domésticas.
Por su parte, el padre era el proveedor que llegaba a casa, se quitaba los zapatos y leía el periódico o escuchaba la radio –pasaje típico que muestran las películas- mientras la madre se desvivía preparando los alimentos, atender al marido y los hijos; además, tejía chompas para su familia, elaboraba pan y hacia crochet para adornar los muebles o sofá de la casa. La madre no conocía otro mundo, que el que giraba en torno a su casa y al cuidado de sus seres queridos.
Desde hace más de 100 años, los cambios se produjeron para las mujeres las que se incorporaron a la fuerza laboral, transformando paulatinamente su vida y la de sus familias, su rol en la sociedad ya no era el mismo, no había nacido solamente para concebir, criar y cuidar, sino que tenía el derecho a estudiar y trabajar fuera de su casa.
En la actualidad, ella -la madre- titila entre la frontera de lo invisible y lo visible, lo invisible del mundo doméstico y lo visible del mundo laboral, ahora, su mundo va más allá del cuidado, conquistando otros ámbitos: el ámbito académico, laboral y político.
La cosa no es tan sencilla como parece ya que cuando salen a trabajar llevan consigo una mochila cargada de culpa, la misma que las invade durante el tiempo que están lejos de sus wawas, ¿estarán bien? ¿habrán comido? las interrogantes giran en su cabeza.
Además, deben ser eficientes en el trabajo, ser madres ejemplares, apoyo y sostén de su familia, la responsabilidad es compleja y se complica, y a diario oscilan entre la esperanza y la desesperanza, entre la luz y la oscuridad, y todo el tiempo se preguntan si son capaces de hacer todo eso, y cumplir con lo que la sociedad espera de ellas ¿y, si mañana podrán llevar el pan a la boca de sus hijos?
Hoy en día, el rol de madre y ama de casa es más visible, ella es la que cuida de los hijos y tiene que conciliar con su trabajo o vida laboral, es por eso que con mayor frecuencia se encuentra familias uniparentales/monoparentales de madres solteras, divorciadas o viudas.
El 82% de los hogares en Bolivia que vive solo con un progenitor (IIESEC/UCB), está a la cabeza de la madre, lo que implica que, ante una ruptura en la relación, es la mujer que hace frente al desafío de asumir a sus hijos y responsabilizarse de ellos. Lo que hay detrás de los números es la imagen de la madre moralmente responsable de los hijos y el rol del padre auxiliar.
El 88% trabaja para proveer los alimentos y otras necesidades básicas a sus hijos, asimismo, el 65% de las familias tuvo un ingreso bajo y, por tanto, vulnerable y en riesgo de sufrir pobreza, precarización en sus relaciones sociales, alto coste emocional, estrés económico y presión, que deriva en un estrés psicológico.
Actualmente, el Estado no cuenta con políticas públicas integrales e intersectoriales que favorezcan al fortalecimiento familiar y prevención de la violencia y el abandono, a excepción de algunas organizaciones de la sociedad civil con gran experticia en la temática.
A lo mucho las iniciativas gubernamentales existentes se caracterizan por la dispersión y escasa coordinación, unos trabajan con los niños, otros con las mujeres y los adultos mayores, sin ninguna conexión entre ellas, con una constante falta de inversión en políticas sociales.
La autora es socióloga y especialista en políticas sociales
Columnas de MARISOL CALVI




















