El celular en el aula, ¿ventaja o perjuicio?
El avance de la tecnología ha hecho que los celulares sean objetos que estén en la palma de las manos de todos y ha provocado un intenso debate sobre su uso en las escuelas.
Hay dos corrientes: una sostiene que debe prohibirse su uso en las aulas y otra que plantea que debiera incorporarse como una herramienta pedagógica y trabajar en una cultura digital.
El debate en Bolivia se ha avivado recientemente con la Resolución 0001/2026 de Normas Generales para la Gestión Educativa para la Gestión 2026, emitida por el ministerio del área que, en su artículo 45, establece claramente: “Queda terminante prohibido el uso de celulares en el aula por parte de estudiantes y maestros”. La normativa no detalla las razones para la restricción que impone.
Hay quienes plantean que la medida representa un retroceso en la educación y que no eliminará problemas esenciales del ámbito y la dinámica educativa, como el ===bullying=== (acoso escolar), por ejemplo.
En contrapartida está los que respaldan la decisión ministerial pues, argumentan, estudiantes y maestros deben enfocarse en el aprendizaje en las aulas sin ningún tipo de distracciones, como las que son accesibles con los celulares.
La polémica que ha generado la prohibición del uso de celulares tendría que transcender el apoyo o rechazo a la mentada restricción y ampliarse de manera propositiva a la necesidad de trabajar en una cultura digital especialmente dirigida a los estudiantes y que no se limite al ámbito escolar.
El problema no está en los celulares, sino, en cómo se los utiliza. El espacio educativo es un excelente lugar para construir una actitud crítica respecto de la utilización de los dispositivos de interconectividad, de manera que esta se convierta en un recurso enriquecedor para el aprendizaje y las relaciones interpersonales.
Por ejemplo, conjugando el uso de estos, u otros dispositivos, con uno de los propósitos, sin duda positivo, enunciado en la misma de la normativa, pero restringido a un soporte menos accesible que el digital.
Se trata de lo enunciado en el artículo 52 de la normativa: “la escritura a mano” y “la promoción de la lectura” que no tienen porqué ser antagónicas con el buen uso del celular.
Pero así parece manifestar la resolución ministerial pues instruye que “Las unidades educativas deberán priorizar, en el proceso formativo, la práctica sistemática de la lectura en papel”.
La interconectividad bien puede propiciar la lectura, de textos impresos en papel o desplegados en la pantalla del dispositivo. Y también estimular la escritura a mano, excelente ejercicio para el cerebro como se ha comprobado científicamente.
La tecnología, omnipresente, plantea nuevos retos a la educación y el trabajo de quienes son responsables de ella en las instancias estatales es enfrentarlos con imaginación.

















