
DESDE LAS REDES
No hablo de candidatos sencillamente porque no debiéramos en las circunstancias actuales hablar de elecciones; me refiero a líderes y su patética ausencia.
¿Y si no evaluamos el aprendizaje propuesto en una asignatura, qué aprendizaje evaluamos?, me preguntó una colega. Una unidad más significativa y menos fragmentada, le respondí.
Nunca un encargo fue tan bienvenido. Unos vecinos de la Melchor Urquidi y Zenón Salinas me han pedido hace dos semanas que me refiera al conflicto que tienen hace al menos un año a partir del funcionamiento de una discoteca al aire libre que funciona de jueves a sábado de 21:00 a 03:00 y que, muy a pesar de los reclamos expresados a las autoridades, el boliche continúa perturbando el descanso de decenas de familias.
Me puse a indagar en el Internet sobre las fiestas Semáforo y descubrí que se trata de una oferta muy publicitada en redes sociales “súper divertida y novedosa” para los jóvenes. Habría entrado de moda hace aproximadamente 10 años en varios países vecinos, Perú especialmente.
Escribo esta columna cuando, se supone, la mayoría duerme o se predispone a hacerlo. Hoy, como todos los días de las últimas seis semanas, fue una jornada agotadora, realmente lo fue. Como foco intermitente, me acordé repetidas veces que debía escribir para Los Tiempos. El domingo se leerá esta columna, la leerá usted que la busca, usted que no, usted lo hará por accidente y también la leerá mi madre (quizá) y mi marido (seguro)… luego, mi hijo menor Fabio, la recortará y archivará en el mueble alto por encargo mío.
Hasta con ella se han metido todos, o casi todos. Dicen ahora que lo importante es el fondo y no la forma, es decir, la comunicación no cómo nos comunicamos; es más, si te metes con las formas, te cae reta; si te metes con el fondo, también.
La ortografía es hoy asunto para masoquistas, presumidos y finos y detestables hombres de derecha. Todo el resto, puede y debe prescindir de ella y dejarse llevar exclusivamente por la funcionalidad del lenguaje.
Hubiera preferido escribir sobre otros temas que guardo en el tintero, pero cuando me predispongo a hacerlo, acabo derrotada por mi “diablillo” político que me recuerda que es poco probable que haya algo más valioso que las libertades que otorga la democracia. Entonces, procedo a borrar todo lo poco avanzado, y regreso a la preocupación primaria y esencial: La defensa de nuestros derechos políticos, aquellos que -de manera grosera y descarada- el gobierno se esmera en querer arrebatarnos.
A pesar de las promesas electorales, las consultorías pagadas, los proyectos de Ley en curso y los buenos deseos de todos, Cochabamba aún no ha logrado resolver uno de sus mayores problemas: la basura.
Todo me hace suponer que más allá de las acciones concretas de las autoridades y de las leyes y sus castigos y multas, esta ciudad seguirá sucia como está. Entiendo que las verdades incomodan e incluso duelen, sobre todo cuando creíamos llevar ventaja como ciudad.
Tuve el honor de escribir el Prólogo de Proceso de Cambio: El milagro que no fue del economista e ingeniero civil Miguel Antonio Roca, investigación que fue presentada en ciudades del eje troncal hace un par de meses.
21 de febrero de 2016. El Vicepresidente anuncia un empate técnico. Al día siguiente, ante la inesperada derrota, el MAS encuentra culpables: Las Redes Sociales. El propio Presidente habla de “guerra sucia” en su contra a través de Facebook y Twitter. Líderes cocaleros anuncian un proyecto de Ley para normar –en nombre de la educación y el respeto a la democracia– el uso de estas redes.

