
DESDE LAS REDES
Desde que se suspendieron las clases presenciales en Bolivia, la comunidad educativa se ha debatido en la incertidumbre provocada por las imprecisiones de la autoridad, empero, ha demostrado que es capaz de derribar mitos y conquistar libertades.
No hay mal que por bien no venga, dice el refrán. La clausura de la gestión educativa y escolar 2020, comunicada por el Ministerio de Educación, Deporte y Culturas el pasado 1 de agosto a través del Ministro de la Presidencia, ha obligado a la comunidad educativa a movilizarse tomando medidas orientadas a encontrar soluciones que den continuidad a la formación de los escolares.
Hace seis años y siete meses, el 31 de enero de 2014, publiqué en este mismo medio el artículo de opinión Evo no sabe leer a propósito de las críticas que acababan de surgir al discurso del entonces Presidente.
En aquella columna dije “…Evo sí sabe leer, comprender y vender su mensaje; además, suena convincente…Evo no sabe hablar. Mentira. Persuade, convence y gobierna”.
El Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (Llece) de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe de la Unesco, con el apoyo del Centro de Investigación Avanzada en Educación CIAE de la Universidad de Chile, y de 18 países de la región acaba de presentar el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) 2019.
De libre acceso y selección, personalizada, centrada en el estudiante, ciento por ciento flexible, así comienza a ser la educación en el mundo. Estamos ante una única alternativa que es provocadora, ineludible, transgresora del statu quo… disruptiva total.
La educación en Bolivia parece no ser un asunto de Estado sino una consigna de los gobiernos de turno. Hay elementos que nos conducen a tal aseveración.
Cada reforma educativa ha sido puesta en vigencia sin el respaldo de una valoración técnica que demuestre con rigurosidad científica la necesidad de su implementación; tampoco se ha contado con estudios solventes que revelen la inoperancia, fracaso u obsolescencia de la normativa o modelo precedente.
Cuando salgamos de ésta y volvamos a la nueva normalidad ¿la educación volverá a ser como antes? Deseo con todo fervor que no.
Las situaciones de crisis, conflictos bélicos y el aislamiento social como el que experimentamos por el Covid-19 transgreden regularidades provocando transformaciones radicales: la educación no se ha zafado de las medidas asumidas en decenas de países, afectando a aproximadamente al 50% de la población estudiantil mundial.
Yo me pierdo entre tantos días de la mujer pues ante la realidad, uno más o uno menos, no interesa.
Lo que importa es que las mujeres aún somos objeto: Objeto de placer, objeto de abuso, objeto de uso, objeto decorativo, objeto de disimulo, objeto de lista, objeto de consultoría...objetos. Con flores, días recordatorios y felicitaciones nuestra realidad no cambiará, está visto.
En 2015, la Organización de las Naciones Unidas plantea al mundo 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) con miras de cumplimiento a 2030. En el Pacto Global que los países firman con Naciones Unidas, Bolivia se obliga a un aporte diplomático y político pero que –necesariamente– debe materializarse en acciones concretas, para lo cual compromete la participación del gobierno y sus políticas públicas, del sector privado, de la sociedad civil y de otras instancias capaces de generar una agenda que pueda cumplirse en procura de estos ODS.
Supongo que no todos los días alguien está dispuesto a donar su colección de libros. Una biblioteca privada resulta del tiempo y del esfuerzo económico, pero, sobre todo, de algo que más allá de ambos factores, tiene que ver con la acumulación de experiencias, deseos y sentidos de vida. Nadie posee una biblioteca solo por el afán de hacerse de una pila de libros que, a más de alguien en algún momento, va a incomodar; por tanto, los libros de uno se convierten en una especie de tesoro, preciado en tanto representa tu propia historia.

