
LA ESPADA EN LA PALABRA
Una cosa es doctrina religiosa, otra es religión, otra es fe y otra, institución religiosa, y, para analizar estos asuntos que ahora nos ocupan, es necesaria una clara noción significativa de cada una de esas categorías conceptuales.
Todo en la historia es construcción. Las revoluciones y conquistas, que parecen obstáculos en el devenir, demandan sangre y lágrimas, cierto, pero es el precio que debe pagar el género humano por una transformación radical.
Hace poco tuve un contacto con Álvaro Vargas Llosa, hijo del Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa, al mismo tiempo en que le enviaba una reseña que hice sobre una de las novelas de su padre, “Travesuras de la niña mala” (Alfaguara 2006).
En sociedades altamente complejas como la boliviana, la soberanía popular debe encontrar el camino de aplicación realista en la intervención efectiva de un conjunto de miembros que asisten, participan y deciden en conjunto. La historia siempre ha sido ingrata con la democracia, y es que la toma de decisiones ha estado invariablemente subyugada a la lógica corporativista.
Esto es, en síntesis y si hablamos con Habermas, elitismo democrático.
Latinoamérica, la nuestra, es una paleta de colores y un volcán en perpetua erupción. Se renueva constantemente y es la misma hace milenios.
Nunca como ahora discreparían tanto Kant y Morgenthau si se pusieran a discutir sobre política internacional y, más aún, sobre Europa, porque nunca como ahora el deseo y la realidad estuvieron tan peleados y, al mismo tiempo, tan latentes. Es evidente que la unidad económica y monetaria que ayer parecía ser garante de una unidad de largo plazo, hoy está socavada por la política de las naciones que han reavivado sus sentimientos y pretensiones nacionalistas.
Ahora es momento de entrar de lleno en la carrera electoral y la lucha de partidos. Y aunque hay todavía resabios de voces valerosas que siguen y seguirán vitoreando al espíritu moribundo del 21F, las cosas están dispuestas para tomar las riendas de la campaña política y despojarnos de la fantasía imposible de que el Gobierno desista de sus intenciones reeleccionistas.
Maltrechas las naciones latinoamericanas y aun algunas de la Europa occidental por un socialismo impracticable y envilecido, y vencidas por su propia pesadumbre esas mismas personas que se decían socialistas, un nuevo espectro amenaza volver a caminar en esos lugares corrompidos: el fascismo.
En verdad enciendo y veo muy rara vez la televisión, pero hace poco me interesó observar una entrevista que realizaron en el canal estatal al vicepresidente boliviano Álvaro García Linera.
De tal evento periodístico, me llamó mucho la atención la manera que en que se desarrollaba la entrevista, considerada por muchos teóricos como uno de los formatos más exquisitos para obtener la información y también el más empleado para dar a conocer una realidad a los telespectadores.

