
EN EL OJO DE LA TORMENTA
Cuando el gobierno de Evo Morales anunció que Bolivia adoptaría la “diplomacia de los pueblos” a partir de su acceso al poder, expresamos que la tal diplomacia no existía; que la diplomacia era una sola para todas las circunstancias. Siempre hemos creído que la diplomacia tiene como objetivo regular las relaciones entre los Estados, dentro de reglas establecidas hace centenares de años.
No soy un augur para predecir lo que sucederá en la Argentina a partir del triunfo de Milei, el domingo pasado. Lo único que puedo augurar es que a nuestra hermana vecina le irá mucho mejor que como le ha ido en las dos últimas décadas; y le irá mejor porque hacerlo peor que los kirchneristas, peor de los caducos adoradores de un peronismo que resultó nefasto, no es posible. Argentina está convertida en una nación (no se puede decir potencia) de segundo orden en la propia Latinoamérica; para qué decir en el mundo, donde cuenta muy poco.
Cuando a mis 10 años vi la película Marabunta, en la que millones de voraces hormigas se comían la selva, a los animales y a los hombres, quedé impresionado. Pensé que todo era imaginación de su director y que se trataba de mera ficción. Luego supe que las marabuntas existían, y que, con su voracidad, arrasaban los lugares por donde pasaban, dejando desolación y miseria.
El título que encabeza esta nota es muy conocido desde hace décadas y significa, en líneas generales, que al mal no hay que dejarlo crecer en un país, que se lo debe eliminar antes de que sea peligroso. En Bolivia no liquidamos en sus inicios al “huevo de la serpiente”, se lo dejó desarrollar, surgir como figura política, ofrecerle todas las garantías que otorga la Constitución, y en cuanto mostró los colmillos ya era demasiado tarde, mordió con todo su veneno acumulado.
Justamente cuando la situación política en Bolivia se torna crítica, casi insostenible ante el derrumbe del masismo, Santa Cruz se convierte en muestra del enfrentamiento interno más grave y hasta despiadado de que tengamos recuerdo. Como en toda sociedad, los cruceños tuvimos ideas propias y contiendas entre políticos, como en la llamada guerra civil de 1949, que no fue tal; o el tiroteo con muertos de 1971. Se trataba de insalvables posiciones opuestas.
No se trata de adueñarse ridículamente de la arenga que Evo Morales se apropió del “Che” Guevara y del castrismo; eso de “¡Patria o muerte; venceremos!”, a la que Morales no le dio ni el menor cumplimiento cuando llegó el momento para vergüenza nacional. Ahora se trata de algo importante, se trata de lo que sucede con el Estado de Israel y del terrible y sorpresivo ataque que ha recibido de las milicias de Hamás, con toda seguridad, apoyadas por Irán, esa teocracia islámica fanática y abominable, que goza del afecto y admiración de la actual diplomacia boliviana.
Faltan dos años para las elecciones presidenciales en Bolivia y no se puede hablar de fijar fechas para debatir si ni siquiera se conocen los candidatos, aparte del desesperado Evo Morales, que personalmente lanzó su candidatura presidencial sin preguntarle a nadie, sin pensar en unas elecciones primarias, afirmando que lo hace porque el pueblo (cuatro gatos que estaban reunidos en una concentración) se lo pidieron y jurando que ha aceptado el reto con el único propósito de “salvar a Bolivia”. ¡Hay que tener un cuero de anta para decir semejante burrada!
Ya había decidido no escribir sobre asuntos ingratos, sobre la chusma bloqueadora y avasalladora que nos abruma, por ejemplo. Quería disfrutar un poco de esta mi columna y causar disfrute a quienes tienen la bondad de leerme. Sin embargo, si en el mismo día de la efeméride libertaria de Santa Cruz, como un reto burlesco, Evo Morales tiene la peregrina idea de anunciar su candidatura a la presidencia de la república, no queda otra solución que escribir lamentos un tanto jocosos, con sólo recordar todos los males que nos dejó ese funesto personaje. ¿Lloramos o reímos?

