
LA CURVA RECTA
El que Su Excelencia hubiera ido personalmente a recoger al aeropuerto el pequeño stock de vacunas, el jueves pasado, me ha hecho recuerdo a cuando la presidente Áñez fue a recibir los pinches respiradores de tan triste fama. Es increíble cuánto se parecen los adversarios, sobre todo cuando actúan demagógicamente.
Hace casi 21 años me tocó caminar por la península de Copacabana, no fui en peregrinaje para honrar a la famosa advocación lacustre de la Virgen María y, de hecho, contrariamente a lo que hacen miles de peregrinos cada año, comencé mi ruta en el santuario y caminé hasta Tiquina, no fue un acto de apostasía, sino algo mucho más peregrino, estaba en Copacabana, debía volver siquiera a Huatajata, y todo estaba bloqueado, era el segundo día de septiembre del año 2000.
En esta segunda ola, uno de los países grandes que más está sufriendo es Alemania, el país, que tiene uno de los mejores y más equitativos sistemas de salud, uno de los mejores sistemas educativos, y una población amaestrada al extremo de que (casi) ningún peatón se anima a cruzar la calle cuando el semáforo está en luz roja, aunque la soledad y el silencio abrumen en esa esquina. Y sí, son puntuales hasta en vacaciones.
El que el aborto voluntario haya sido legalizado en la Argentina podría ser solo una noticia del extranjero, pero considerando que la directora de Despatriarcalización del Ministerio de Justica ha declarado que es momento de debatir el tema, el asunto se vuelve local y cobra vigencia.
Comienza el nuevo año, la pandemia sigue, y para colmo también el trajín electoral, vamos preparándonos para las elecciones de gobernadores y alcaldes, en un clima que para quienes no simpatizan con el MAS, no es nada ideal. En efecto, la paliza que esa tienda política dio a sus opositores en las justas de octubre, aún duele.
La Navidad y el Año Nuevo, en el mundo influido por el cristianismo, conllevan un algo atávico relacionado a nuestro pasado meramente agrícola, o aún a un tiempo previo, al reconocimiento de los ciclos anuales, y a la esperanza de que la siguiente vuelta alrededor del sol sea mejor, o menos mala, de la que acabamos de hacer.
El jueves pasado se conmemoraron los 72 años de la declaración universal de los derechos humanos, un documento que es muy importante y que inaugura, luego de los horrores del pasado europeo inmediatamente anterior, una época de mayor justicia para los seres humanos.
Quienes siguen mi columna, y quienes me conocen, saben que no sé nada de fútbol, yo mismo he declarado en este espacio, que una vez cada cuatro años, me siento un extraterrestre en mi propio planeta, cuando todos no hacen otra cosa que asistir a ese torneo, y hablar de él.
La noticia de que William Kuschner vaya a ser transferido a su casa y que en adelante guarde detención domiciliaria, es ante todo una buena noticia para sus hijos, que eran tan pequeños cuando fue detenido, para su madre y para sus demás seres queridos. Por supuesto que para él también, porque es mejor, mejor dicho, menos peor, estar preso en casa que en San Pedro, estar con los de uno, que alejado de los seres queridos. Pero aclaremos, él sigue privado de libertad.

