
LA CURVA RECTA
Hace unas dos semanas se encontró el cadáver de una joven mujer, ella había sido acuchillada y su cráneo destrozado a martillazos. El autor, que confesó su delito por medio de una carta que dejó in situ, era nada menos que su marido y el padre de su hijo, un niño de tan solo seis años de edad.
No es secreto que durante la presidencia de la señora Áñez la justicia fue muy deficiente; no tanto como durante los 14 años del gobierno de Morales, pero tal vez eso fue porque ésta solo duró un poco menos que un año. El mal de la justicia de este país es terrible, y uno de sus peores síntomas son las detenciones preventivas, que en realidad son una negación de ese derecho que tiene el ciudadano a ser considerado inocente mientras no se demuestre su culpabilidad.
No, querido lector, no me estoy dedicando en esta columna a la famosa obra de Carlos Montenegro, sino a ciertas reacciones nacionalistas respecto del fenómeno Dessard. En las últimas semanas el joven y guapo francés ha hecho noticia, no solo porque se ha puesto a limpiar la porquería que nos inunda, sino porque de alguna manera ha creado una corriente, que si se mantiene viva, será en un rubro no poco importante, una verdadera revolución.
Después de la paliza que recibió el antimasismo en octubre del año pasado, el que el partido azul perdiera las cuatro gobernaciones que se disputaban en esta segunda vuelta ha tenido sabor a gloria para muchos. En el sentido estricto de una visión liberal, de libre mercado, se podría decir que no hay mucho que festejar, quienes han ganado no son, bajo ningún punto de vista, parte de esa corriente.
En un país lejano, (el nuestro), en una provincia lejana, aunque muy cercana a la capital, en uno de los últimos rincones de esa provincia, ha tenido lugar un hecho absolutamente detestable. Un degenerado ha abusado sexualmente de una niña, aprovechando cierta cercanía de parentesco. La niña ha quedado embarazada.
La producción de basura es algo inherente al ser humano, y mientras más sofisticado y más rico este es, vale decir más moderno, más basura produce, o por lo menos es más responsable de la producción de basura. Esto vale hasta para la preocupada joven sueca que contaba, antes de la pandemia, que le habían arruinado su niñez.
Las obsesiones son enfermizas, sean estas colectivas o individuales, y llevan a actos ridículos, y a veces a cosas peores, un buen ejemplo es el de Juana de Castilla trajinando con el cadáver de su marido por media España, o el de Carlota de México, que durante casi 60 años se negó a entender que había perdido a su esposo y a su imperio, y que dicen que engordó enormemente.
Las imágenes de la señora Áñez detrás de rejas me han conmovido, en primer lugar, porque tengo la suficiente compasión para sentir pena por quien está privado de libertad, debe ser mi herencia cristiana. Y, en segundo lugar, porque se trata de una mujer, esa debe ser mi herencia patriarcal, algo de lo que está de moda renegar estos días.
Pero tengo que decir que siento un gran mea culpa por no haber puesto mi granito de arena en denunciar el encarcelamiento de otra mujer, hace algo más de un año, me refiero a la señora Hermosa.
El discurso del vicepresidente Choquehuanca, el día que asumió ese alto cargo, fue muy bueno, muy conciliador y dio a muchas personas grandes esperanzas de que el nuevo período masista sería un gobierno inclusivo, y por ende más democrático que los de Morales.
No tengo mucho apego a los símbolos patrios, aunque la bandera boliviana obviamente me llega al corazón. Eso, porque simboliza este triste país que es el mío, y que lo amo no porque sea bello, ni rico, ni la cuna de alguna gran cultura, ni por sus logros políticos o económicos. Uno ama a su país básicamente porque nació en él, es un poco lo que pasa con el amor a la madre.

