Gas: nuevas condiciones de negociación
Las negociaciones que el Gobierno sostiene con autoridades de Brasil y de Argentina para los diferentes negocios que se tienen en mesa, han tenido profundos cambios en la interlocución en un tiempo tan corto como un año medio.
Hasta mediados del año pasado eran frecuentes los viajes de ida y de vuelta a Buenos Aires y Brasilia del ministro boliviano y de los ministros Braga y de Vido de Brasil y Argentina respectivamente y, con resultados auspiciosos traducidos en la firma de convenios de compra venta, conformación de comisiones binacionales y plazos breves para la ejecución de diferentes proyectos.
Para señalar algunos ejemplos se puede citar, entre otros, el anuncio de la predisposición de Electrobras para financiar hasta el 100 por ciento de las represas hidroeléctricas de Cachuela Esperanza y El Bala; la asociación de YPFB con Petrobras para la comercialización conjunta de urea de las plantas de Bulo Bulo y Tres Lagunas; la comercialización del GLP producido en la planta de Gran Chaco a los mercados brasileños y argentinos; la venta de 7.500 MW de electricidad a Brasil y la construcción de la interconexión eléctrica de Yacuiba a Tartagal para la exportación de 200 MW hasta 700 MW, el próximo año.
Los interlocutores, en todos los casos eran o los Gobiernos de Brasil y Argentina o sus empresas estatales Petrobras, Electrobras, Enarsa o YPF, ahora, en el mejor de los casos, las negociaciones, tendrán que plantearse de manera combinada, entre los gobiernos y los sectores privados de ambos países.
La primera experiencia del nuevo aprendizaje se debería haber dado con la negociación de venta de GLP a Paraguay. Se firmaron convenios entre Gobiernos y entre empresas estatales (YPFB y Petropar) por 20 años y se olvidaron de las poderosas cámaras distribuidoras de empresarios privados (Copagas y Conagas) que no permitieron que la empresa estatal tenga privilegios y menos el monopolio del negocio.
Las negociaciones del contrato de venta de gas a Brasil y, por mucho que las autoridades bolivianas digan que ven con buenos ojos la negociación con privados porque permitirá obtener mejores precios, tendrá complicaciones. Es indudable que Brasil y Argentina necesitan del gas boliviano, ese no es el problema, el problema radica en la imposibilidad boliviana de atender la demanda de esos mercados.
La prueba de lo anterior es la publicación efectuada por el ministro Aranguren de Argentina cuando dio a conocer haber recibido un e-mail de su par boliviano, que decía: “El 29 de febrero pasado el Ministro de Hidrocarburos y Energía del Estado Plurinacional de Bolivia Ing. Luis Alberto Sánchez me envió un correo electrónico para informarnos que Bolivia no iba a poder entregar los 19,9 millones de m3 por día de gas natural que establece el contrato que nos vincula para el año 2016, ofreciendo 15,4 millones de m3/día para el primer semestre del año y 19,0 millones de m3/día para el segundo semestre del año, solicitando una dispensa para no afrontar las penalidades previstas en el contrato” (Juan J Aranguren 16.06.2016).
La carga a los gasoductos de exportación, demuestra que hace meses que YPFB no puede cumplir con la dispensa solicitada ni con los volúmenes de gas comprometidos con Brasil. Esta imposibilidad la saben también los brasileños por vía directa de Petrobras.
Tanto Brasil como Argentina comprarán tanto gas boliviano como se les pueda ofertar. Por esta razón la posición argentina ha sido la de aceptar la compra de electricidad siempre y cuando esta venga acompañada de gas y no como energía eléctrica sustitutiva.
Dejando de lado los volúmenes producidos que pueden ser inyectados a los ductos, el problema que se enfrenta es mayor debido a la escasez de reservas. Para renovar el contrato de venta de gas a Brasil por otros 20 años se necesitará una reserva dedicada de 7.73 TCF’s. A la fecha, no existe la disponibilidad de esta cantidad. Si hubieran reservas el único problema sería el de invertir para desarrollarlas, pero en este caso lo que hay para producir no alcanza para un nuevo período de 20 años.
Por esta razón la posibilidad de obtener mejores condiciones en la negociación con Brasil se tornará dificultosa, si bien el gas boliviano es el más barato que tanto argentinos como brasileros pueden encontrar en el mercado, ante la inseguridad de su suministro, las condiciones de los contratos podrán ser diferentes.
Ante la incertidumbre, lo más probable es que se firmen contratos interrumpibles de corta duración, aunque con la posibilidad de que sean con una fórmula de cálculo más favorable que la actual dada la temporalidad variable de los suministros.
Lo aconsejable es que el Gobierno busque asesorarse mediante una entidad especializada para adentrarse en el carácter de los nuevos interlocutores como ser las distribuidoras, las termo generadoras, los industriales y otros, así como en las realidades de sus respectivos mercados.
El autor es ingeniero químico y petroquímico.
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