Sobre “El último filo”, de Renato Prada O.
Alfredo Pavón *
“Hay demasiados muertos. Su vida ofrendada por la dignidad humana, el sacrificio de sus vidas no duele, sin embargo. De sus cuerpos masacrados han nacido, y nacerán, los hombres verdaderos. El poder no alcanza más para contenerlos. Por cada uno que ha muerto han surgido diez para ocupar su lugar y llegará el momento en que los fusiles serán insuficientes. Hay demasiados muertos pesando en la conciencia de sus asesinos”.
“El primer paso está dado. Cuba es el ejemplo. Argentina, Chile, Nicaragua, son la esperanza. Y los tibios, los que no estamos muertos, pero tampoco vivos, los gusanos, descubriremos un día que estamos hechos para vivir con los otros, que no podemos encerrarnos en la soledad porque ese es el único lugar donde los hombres somos vulnerables. Descubriremos que elegimos ser hombres desde el momento mismo en que alguien nos sentenció, sin nuestro consentimiento a ser explotados o a ser explotadores”.
“El último filo” nos plantea esta situación. Pero lo hace con tanta perfección que lo ideológico-político está subsumido, sin que ello quiera significar oculto, por lo artístico. ¿Cómo se llegó a este punto donde lo ideológico-político no degrada lo literario y viceversa? ¿Cuál fue la evolución que el narrador Renato Prada Oropeza cubrió para cristalizar “El último filo”?
Dos historias
Sin ahondar más, debido a la intención del escrito, podemos adelantar que “El último filo” contiene dos historias: a) Desde la muerte del padre de Rulfo, hasta el establecimiento de éste como comerciante. Entre uno y otro polo se suceden la amistad de Rulfo y Miguel, la muerte de los padres de Miguel, el ingreso de éste a grupos guerrilleros, su viaje a la Zona; ocurren también el accidente de la hermana de Rulfo, el noviazgo y posterior separación de Rulfo y Laura, la deserción de Rulfo de los estudios universitarios, la presencia reguladora de su abuelo, etcétera; b) Desde la partida de Rulfo hacia la Zona hasta su incorporación a la guerrilla que comanda el Partisano. Entre ambos puntos tenemos la llegada a la Zona, el contacto con Loira, con Miguel, con el Partisano, con Mallcom, con la humillación, la vejación física y mental; tenemos también la captura de Rulfo, su juicio y sentencia, etc. Esta segunda historia contiene los actos y sucesos que obligan a Rulfo a pasar de una posición donde lo imperante es el individualismo, el temor, la culpa, el castigo, la soledad y la frustración, a otra donde lo que impera es la lucha por la dignidad humana, el compañerismo, la esperanza de un futuro halagable para todos. Pero también contiene, referidos únicamente a Rulfo, los elementos necesarios que dieron nacimiento a su neurosis actual. Esta neurosis únicamente puede ser explicada en vista de la historia primera. Ahí se hallan todas las represiones, todos los conflictos, que al ser alimentados por la neurosis actual desencadenan en psiconeurosis, provocadora, en Rulfo, de tensiones-distensiones emocionales que lo sitúan, aunadas a los ataques físicos sufridos en la cárcel, en una condición de animalidad. Y de ahí su curación. Al ser reducido a la animalidad (ello), las represiones morales, sexuales, religiosas, dejan de tener funcionalidad y permiten que Rulfo sea un “hombre nuevo”. Su curación personal conlleva también un cambio en sus acciones. Abandona el individualismo negativo para sumergirse en la “lucha por la dignidad humana”, lucha en la que cada hombre expone su vida como ofrenda mínima. Estas dos historias, ricas en sí mismas, se enriquecen más con el tratamiento propio de la intriga. Existen continuos cambios de tiempo y espacio, algunos provocados por el narrador, otros por Rulfo, a quien el narrador cede constantemente la palabra. Cuando es el personaje quien moviliza la intriga, el narratorio es exigido a tomar una postura de psicoanalista, cuya función, en ese momento, consiste en desentrañar los complejos, las fantasías, las alucinaciones, los sueños, los pensamientos de su paciente. Cuando, por el contrario, es el narrador, el narratorio funciona como un juez a quien se le están presentando los actos de un prisionero al cual él debe condenar o absolver. Con las líneas anteriores hemos mostrado, si bien no a profundidad, cómo en “El último filo” se da un equilibrio perfecto entre los ideológico-político y lo artístico. La presencia de uno mengua la funcionalidad de lo otro”.
SOBRE EL AUTOR
Renato Prada Oropeza nació en Potosí, Bolivia, en 1937 y murió en Veracruz, México en 2010. En 1967 publica el volumen de cuentos “Argal”, con el que obtiene el Primer Premio Nacional de Literatura y Ciencias de Cochabamba. En 1969 gana el Premio Novela de la Casa de las Américas, con “Los fundadores del Alba” y luego aparece “El último filo”.
* El autor de la reseña es doctor en Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa (México).
“El último filo” de Renato Prada Oropeza circulará junto a la edición de mañana domingo 13 de noviembre. El precio de esta novela es de Bs 30.























