Burocracia contra las adopciones
Cuando acuestes a tus hijos esta noche, toma un momento para pensar en los 2.710 niñas, niños y adolescentes que viven en centros de acogida de Cochabamba, según datos del Servicio Departamental de Gestión Social de Cochabamba (Sedeges 2014). Ninguno está allí por su culpa; por alguna circunstancia desafortunada su familia no puede cuidarlos.
En estos últimos años el Sedeges, la organización de Familias Adoptivas y otras instituciones han realizado Campañas de Adopción, aumentando el número de familias que quieren adoptar. Pero, en la mayoría de los casos, las familias deben esperar más de un año antes de que se les asigne a su hija o hijo adoptivo. ¿Por qué tanto tiempo? ¿Es que no hay niños para adoptar?
Tomamos el ejemplo de Carlita, quien llegó a ser huérfana cuando tenía unas semanas. En Bolivia, no se puede adoptar un bebé, porque tiene que tener sus papeles listos para ser adoptado. Y actualmente, este trámite tarda hasta dos años, aunque puede hacerse en seis meses. En este tiempo Carlita se encuentra sin la atención y el cariño de una familia que son necesarios para su desarrollo integral, y está al cuidado de una educadora que debe cuidar a otros 10 niños y niñas. Ya tiene dos años, y todavía espera a una familia.
Tanto la nueva Constitución Política del Estado, como el Código Niña, Niño y Adolescente, Ley 548, defienden el derecho de un niño o una niña de vivir en una familia. Pero las instituciones que tienen la responsabilidad de realizar el proceso de adopción de niños y niñas todavía no están trabajando con eficiencia y coordinación. ¡Allí está el problema! Eso implica que las mismas instituciones que tienen la responsabilidad de proteger a niños y niñas son culpables de vulnerar sus derechos. De ese modo, se va en contra de su desarrollo y en contra de la calidad de su futura vida.
Antes, se pensaba que eventos traumáticos como el abandono, la negligencia y la falta de atención no afectaban mucho a bebés y niños pequeños. Sin embargo, investigaciones realizadas en los últimos años demuestran que la atención, el cuidado y el cariño que da la mamá al hijo tiene mucha importancia en el desarrollo del cerebro. En sus primeros años de vida, el niño hace conexiones en su cerebro superior, que es la parte del razonamiento, de la resolución de problemas, de la empatía y de la creatividad. Si no existe la atención y el cariño, el niño puede formar las conexiones incorrectas, que le afectarán en forma negativa toda la vida. Otros elementos de su desarrollo están afectados también cuando no gozan del cuidado de una familia. Por ejemplo, por cada año que vive en el centro de acogida, un niño pequeño se retrasa tres meses en su desarrollo físico y emocional.
Es un escándalo que haya tantos niños y niñas que necesitan ser adoptados, y haya muchas familias que quieren adoptarlos, pero no pueden unirse a ellos por la falta de eficiencia, coordinación y voluntad de las instituciones.
La autora es una potencial madre adoptiva.
Columnas de MARÍA LARA CHOQUE



















