El Barrio Chino: un nuevo atractivo bonaerense
TURISMO | UN ARCO DE 11 METROS DE ALTO DA LA BIENVENIDA AL BARRIO QUE CONSOLIDA OTRA COMUNIDAD EN LA CAPITAL ARGENTINA. ESTÁ UBICADO EN LA PARTE SUR DE BELGRANO Y OFRECE DESDE LA CÉLEBRE GASTRONOMÍA CHINA HASTA ARTES, MEDICINA Y TERAPIAS ALTERNATIVAS.
Ya figura en probablemente todas las agendas de turismo de Buenos Aires. Se lo cita junto a lugares celebérrimos como la Boca, Avenida de Mayo, San Telmo, Recoleta, Puerto Madero y Palermo. Es el Barrio Chino, el nuevo “chinatown” de occidente que en el último lustro ganó palmo a palmo su presencia en la capital argentina.
Los habitantes de Buenos Aires lo ubican de inmediato a la hora de pedirles orientación: “Tomate la línea D del subte. Te bajás en la estación Juramento. Salís, cruzás de frente y caminás seis cuadras. Es la calle Arribeños, sobre las vías del Ferrocarril Mitre y la estación Belgrano C. Claaarito aparece el arco chino a la vista”.
CULTURA IMPARABLE
Se recuerda que en un principio no faltó la resistencia de algunas organizaciones de vecinos a su consolidación. Pero era imparable, una creciente migración de súbditos taiwaneses, a fines del siglo pasado, fue caracterizando la zona. Luego se sumaron grupos de chinos, japoneses, coreanos, tailandeses y de otros países del Asia que se concentraron paulatinamente en la parte sur del barrio de Belgrano. Por ello, hay quienes quieren definirlo con más precisión como el barrio asiático.
Su proverbial fuerza cultural impulsó el resto. En la zona existen organizaciones culturales, iglesias presbiterianas chinas y el Chong kuan, el primer templo budista de argentina, entre otras instituciones. Por ello, resultó cuestión de inercia la construcción del eje peatonal que hoy centra al barrio chino. Su inauguración oficial la realizó en 2009 el actual presidente argentino Mauricio Macri, quien entonces fungía como Alcalde de Buenos Aires.
Esa vez destacó especialmente el estreno del arco que marca el ingreso a este pintoresco enclave asiático, tan cercano al río de la Plata. Se trata de un portón de 11 metros de alto y ocho de ancho. Fue diseñado y construido en China y trasladado por partes hasta Argentina, como una donación del coloso asiático. Lo coronan tres espacios tejados sobre los que se levantan dragones y leones marinos. En el centro brillan placas de mármol, columnas de concreto y leones de piedra tallada, entre otros ornamentos propios de la cultura china.
Luego, se abre el bulevar dominado por la grafía, los símbolos, más estatuas de dragones y los colores rojo y dorado. Es el centro de cuatro manzanas colmadas de supermercados, restaurantes, bambucerías, centros de terapia, casas de artesanías y demás negocios asiáticos. Obviamente, los propietarios son chinos, en su mayoría, o japoneses, o coreanos, pero no faltan empleados argentinos y, también, en varios casos, bolivianos. La disciplina, supervigilancia e intensidad del trabajo les impide hablar casi nada.
Y BOLIVIANOS
Willy y Marta (sólo dan sus nombres), él paceño, ella de Villazón, por ejemplo, reconocen que su trabajo es muy exigente. Pero también valoran que los dueños les cumplen sin fallar la paga y todo lo acordado. “No pasaba así donde mi primer trabajo que lo administraba una paisana –confieza Marta-. Esa vez me enfermé y me sigue debiendo”. Ambos ayudan a limpiar, a vender y cuidar un negocio que ofrece desde “aretitos estrellita” hasta estatutas de Budha de un metro de altura.
A lo largo de las tres cuadras peatonales enladrilladas de este eje del barrio la oferta incontable abarca virtualmente todas las necesidades esenciales humanas. Va de la ornamentación a la gastronomía, de la vestimenta a la herboristería y sus singulares bambús, de la medicina a la farmacopea. Así como es posible hallar algas sabrosas o milagrosas, también abunda la oferta de panecillos, tés, licores, incluso hay una cervecería artesanal china. Existen también centros integrales que incluyen masajes tailandeses, kung fu y zen.
LA MÚSICA LA PONEN OTROS
No falta la música y el arte en las veredas y el centro del eje del barrio chino bonaerense. Pero en este caso el orden étnico se invierte. Aparecen conjuntos de cantantes pop, tangueros, jazzistas, folclore argentino y hasta conjuntos con piezas de los kjarkas o Sabia Andina. En este caso, de cuando en cuando, suele aparecer un bailarín de tango chino o japonés y hasta algún zampoñista o charanguero de ojos rasgados. El resto obviamente viene del puerto, las pampas o las montañas, excepto en tres fechas anuales: el Año Nuevo Chino, el Festival de la Luna o el Baño de Buda.
Destaca especialmente la primera fiesta. Se la celebra entre enero y febrero de cada año en días que se ajustan periódicamente al calendario gregoriano occidental. Entonces el lugar se transforma en una gran romería. Los festejos son organizados por la Asociación Barrio Chino de Buenos Aires, la Asociación Amigos del Barrio Chino de Buenos Aires y la Asociación Cultural Chino Argentina. Cuenta además con el apoyo del Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires
En el año nuevo se exhibe el famoso baile del Dragón. Se multiplican los puestos donde la colectividad china-taiwanesa expone detalladamente aspectos de su cultura. Se realizan además demostraciones de escritura con pluma, charlas sobre la religión budista, astrología china y feng shui. No faltan explicaciones del estudio de idioma chino y orientación para hacer negocios en la nueva potencia planetaria.
Suma así otro atractivo de la principal urbe argentina que en 2017 congrega a casi 10 millones de habitantes y cuenta con otra colectividad debidamente organizada. Este barrio chino que ha sido considerado uno de los 20 más representativos de su género por la publicación española 20Minutos.
Otro matiz de un siglo dinamizado por las migraciones y el mestizaje cultural incontenible. Mestizaje con voces que en este barrio suelen alternar el voceo porteño con la inconfundible “r” asiática que acá suena a “l” y dicen frases como: “Acá tenés otlo tipo de aloz y si quelés hay salsas picante o aglidulce. Luego le pagás a aquesha piba”.



























