El sur boliviano, más allá de la uva y el vino
El sur boliviano suele ser citado por el vino y de paso por el paisaje. Suele ser celebrado por su música y, de paso, por sus singulares historias y riquezas. Y, quizás, su deslumbrante entorno ha sido casi ignorado.
Por ejemplo, ese sur puede empezar en la portentosa herencia de la milenaria manifestación de los volcanes. Así cerca del Cerro Rico que cambió la historia del mundo, entre Yocalla y Belén es posible ver un festival de formaciones rocosas. Luego, como para recordar el poder de la tierra, surgen las aguas termales que traen su más célebre memoria en la laguna de Tarapaya. Allí es donde se recuerda que desde Cuzco ya hace más de seis siglos venían a bañarse los reyes incas.
El sur de este país tan biodiverso, entre los 15 más biodiversos del planeta, suele ser recordado por la gloria y la tragedia del gran Potosí. Pero sólo de paso se cita que entorno a la que, en 1625, fue la tercera mayor capital del mundo existieron míticas haciendas. Es decir, hubo fértiles valles interandinos que alimentaban a 165 mil almas, que, además inventaron el singani y, también, replantaron la vid.
Era la ruta de la plata que se encaminaba, y se asegura le dio nombre, a la Argentina. Era la ruta donde las tierras se hacen más prolíficas en el valle de los Cintis. Se lo menciona siempre como cuna de la vid y del vino bolivianos, desde aproximadamente 1570. Pero junto a la uva es posible hallar higos, pacayes, duraznos, paltas, arándanos, manzanas, naranjas … También verduras, hortalizas, tubérculos, leche de cabra y res, y miel.
Zona de monumentales quebradas y cañones. De hecho, se sabe que el quinto más profundo del mundo, el Pilaya con sus 3.030 metros, se halla cerca de Culpina. Zona de tierras rojizas, seguramente dotadas de los singulares nutrientes que las hacen tan fértiles. Fértiles gracias a las abundantes aguas cristalinas que generan un sinfín de pozas cada verano.
Por ello, Camataquí, Villa Abecia, Camargo y Carreras son parte de ese sur tan admirado como desconocido. Una región que fue imán de culturas desde hace milenios. Por ello, es posible hallar diversas zonas de pinturas rupestres y petroglifos. Y por ello también, de culturas muchísimo más recientes, es posible descubrir tradiciones, leyendas y gastronomía singulares.
Más al sur de los Cintis, subiendo casi mil metros hacia Sama y tras un sinuoso recorrido es posible visitar Tajzara. Surge el paisaje altiplánico célebre por sus lagunas de colores, flamencos y dunas. Es una de las cordilleras que rodean al celebérrimo valle florido de Tarija. Ríos, piscinas naturales, áreas colmadas de restos paleontológicos suman a los bien conocidos atractivos tarijeños.
Mientras se pasa el valle chapaco, otra cordillera, la del Pabellón, acuna una zona más de campos fértiles, pozas y cascadas. Bordea pintorescos poblados como Padcaya, Chaguaya y Rosillas. Se anticipa al descenso final hacia el candente Chaco. Es en sus farallones de vértigo hogar de aves rapaces donde reinan los cóndores.
Es posible recorrer este sur en menos de una semana dotados de los debidos vehículos y piernas lo suficientemente fuertes. Al final, seguramente bastará una copa de vino, muy bien saboreada, para brindar por tanta vida y color.
























