De la profundidad
Una fotografía en blanco y negro, el rostro de una mujer joven, muy joven, sonríe. Ella, la que en la niñez tenía predilección por jugar bajo la lluvia y que según sus datos biográficos, era apodada por su familia como Zärtlein (muñeca de porcelana).
Misma fotografía. Sus ojos de inmensidad son los testigos del decurso histórico que se asemeja más a una historia de terror, historia que quedará escrita en un célebre diario.
Ana Frank, nace en Alemania el mes de junio de 1929. La etapa de una vida normal llega a su fin de forma abrupta, la Segunda Guerra Mundial había comenzado, Ana tiene que esconderse con sus padres y su hermana en la casa de atrás, debido a las medidas antijudías de los nazis. Otto Frank resguardó a su familia y a cuatro personas más en un ático en el edificio de oficinas de la empresa Travies N. V.
Es conocido el hecho de que en ese espacio reducido tapiaron ventanas, aprendieron a hacer invisibles sus voces y tomar la consistencia de los fantasmas. Sin embargo, un tiempo después fueron denunciados a las autoridades nazis y sin mayores reparos la =====Feld Polizei===== irrumpió en ese espacio secreto y envió a todos a campos de concentración. Ana, tiempo después, murió a los 15 años de edad víctima de tifus en el campo de concentración de Bergen-Belsen.
El diario no se pierde debido a que Otto Frank sobrevivió a la guerra y recuperó el texto que había sido guardado por su secretaria.
En estos escritos, Ana cuenta en detalle, a una amiga imaginaria, sobre el encierro y una forma de vida que tiene el sino de lo claustrofóbico, del miedo y el encuentro con un mundo que parece estar siempre en peligro de naufragio. Sin embargo, mantiene la esperanza, la esperanza de la vuelta a una cotidianidad rota, a un mundo que ella percibe esencialmente libre de la oscuridad. Afirma: “A pesar de todo, continúo creyendo en la bondad íntima del hombre”.
La verdad de las palabras, la franqueza y el tono desprovisto de trampas hacen que se convierta para la posteridad en el símbolo, en una testigo sobre el horror del Holocausto y los sueños de una joven ante la incertidumbre. La historiadora Ana Portnoy, afirma: “Sus palabras dan voz no sólo al millón y medio de niños judíos asesinados por el hitlerismo sino a todos aquellos que han sido víctimas de la intolerancia y la persecución”.
Ana habría cumplido 90 años este 12 de junio. Ana no es más la muñeca de porcelana, ha nacido para quedarse en la memoria, escribe un diario que es el diario de la humanidad, el testimonio sobre la importancia de la escritura. Este es un escrito que se traduce en 70 idiomas, un relato pensado para una amiga imaginaria se que se multiplica hasta el día de hoy en una inmensidad de lectores. Escrito que pertenece al mundo, como la forma más clara de una constante en nuestro devenir histórico: la discriminación, el racismo y aun así la fe permanente en la humanidad.
La autora es escritora
Columnas de CECILIA ROMERO


















