Evo Morales, el mito que destruirá al mito
Existe coincidencia en afirmar que el mito es una narración protagonizada por dioses, héroes o personajes fantásticos, ubicada fuera del tiempo histórico y que explica y da sentido a hechos y fenómenos extraordinarios. Precisamente por su carácter espectacular, se encuentran fuera de las capacidades del común de los mortales. El mito por su fuerza y credibilidad en el campo humano, puede ayudar a dar saltos de consciencia en las sociedades en las que aparecen, reforzando reformas y cambios necesarios. Gandhi, Luther King, fueron expresión de esta calidad y transformaron el mundo en el que vivieron.
El mito en el campo político, se construye y se le otorga un carácter inalcanzable para que quienes gozan de la prerrogativa o la administran, tengan una ventaja que los haga diferentes. Los mitos políticos se construyen en vida de los actores, alcanzan su mayor dimensión gracias al imaginario construido y su máxima trascendencia cuando los actores mueren. Para los mitos políticos, existe una laboriosa construcción de la personalidad que se ve acompañada por manifestaciones verificables y constatables. El carácter de superhombre, de mesías, de iluminado que siendo igual a todos, se vuelve distante por la condición que el entorno le crea y ellos aprovechan.
El poder del que gozan, necesita reproducirse para alimentar el carácter de imprescindible e insustituible. El fallecimiento del personaje en situaciones excepcionales, refuerza el mito. Salvador Allende, el Che Guevara, expresan una confrontación con el tiempo por la imposibilidad material de modificarse. El sacrificio de la vida da al mito, más allá de la justicia de su causa, un valor de respeto especial.
La personalidad sometida al mito, debe contar con condiciones que lo avalen produciéndose una modificación de los defectos para ser convertidos en virtud en el imaginario colectivo. La falta de educación, un origen de humildad o pobreza, de exclusión y marginalidad narrados de manera inteligente, configuran las condiciones que pueden alcanzar notoriedad y reforzar el objetivo buscado. Todas estas condiciones, profundamente válidas a la hora de reconocerse el mérito de una persona y su capacidad de resiliencia convertidas en reto, pueden adquirir un valor de uso político de confrontación y justificación que cambian valores ciudadanos y pueden justificar violencia, verbal, simbólica, sicológica o física.
Hasta aquí, el fenómeno relatado puede ser interpretado en función de muchísimos actores y advierte sobre el riesgo de su recurrencia. Y la pregunta aparece de manera natural, ¿es/será Evo Morales, un mito?
La construcción del personaje tuvo un mentor crítico, Filemón Escobar. En el primer año de su encumbramiento en el poder, ya tenía cuatro libros que fungían de exaltación de sus virtudes, y en el segundo año, una campaña mundial lo proponía como candidato al Premio Nobel de la Paz.
El campesino del suéter rayado de diciembre del año 2005, siendo el mismo, difiere radicalmente de quien, en noviembre del año 2019, ordenó el cerco a las ciudades bolivianas y promovió el bloqueo de sus alimentos. Entre ambos, existe una sucesión de eventos y conductas que han intentado ser disminuidas en su impacto negativo por los responsables de la construcción del mito, y para quienes no existió medidas de contención ni límite; ellos desarrollaron con el consentimiento de Morales, la violación de la Constitución, el sometimiento de la democracia y una corrupción dispendiosa y grotesca.
Sin una comprensión de este tránsito, el MAS y la historia, no podrán explicar cómo una insurgencia de pititas produjo la huida derrotada del político que personificaba y ejercía el poder. El mito de Evo será destruido por Evo. Solamente hay que dejarlo hablar y esperar...
El autor es director de Innovación del Cepad
Columnas de CARLOS HUGO MOLINA


















