Carlos Medinaceli y “La Chaskañawi” (III)
Carlos Medinaceli Quintana (1898-1949) tiene (y sufre) la fama de ser el novelista más leído en Bolivia. La Chaskañawi. (Novela de costumbres bolivianas) —popular y canónica— es, para Juan Siles Guevara, imprescindible en Las cien obras capitales de la literatura boliviana (1975). Una encuesta de Carlos Mesa (2014) la confirma entre las tres novelas “superclásicas”. El Ministerio de Culturas y la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia la incluyen en las “15 novelas fundamentales de la literatura boliviana” (2009), y la “Biblioteca del Bicentenario de Bolivia” (2014). Su uso obligatorio en programas de enseñanza media y superior, afianza y prolonga su estatus privilegiado de “novela nacional” y “nacionalista” en la construcción de una “comunidad imaginaria”. Para Benedict Anderson el nacionalismo en América, antes que por influencia de vagos modelos intelectuales europeos (la Ilustración, la Revolución francesa), surge por las prácticas sociales, económicas y culturales asociadas al auge del “capitalismo de imprenta”: producción, reproducción y difusión masiva de material impreso.
El éxito de su recepción crítica y su fama popular no son recientes. Desde la primera edición (6 de noviembre de 1947), comisionada por la Fundación Universitaria Simón I. Patiño a la imprenta López de Buenos Aires, fue muy bien recibida en y fuera de Bolivia.
El 21 de diciembre de 1948 Carlos Medinaceli escribe, desde La Paz, a Daniel Zambrana Romero: “Me complace comunicarte que La Chaskañawi ha tenido un éxito rotundo, tanto aquí como, según me han informado, en Cochabamba y Sucre y, según me dijo Vicente Terán, también en Potosí, pueblo tan noble, tan generoso que ha sido siempre conmigo y al cual le profeso el más hondo cariño y le guardo la más honda gratitud” (Epistolario 359).
En Estados Unidos, en mayo de 1950, Willis Knapp Jones, profesor de Miami University–Ohio, cita a Carlos Acuña que elige a La Chaskañahui (sic) entre las “mejores novelas bolivianas”. Medinaceli, y la crítica no destaca este aspecto, era conocido por intelectuales estadounidenses. En 1946 Donald Devenish Walsh, editor de Hispania y traductor de la poesía de Pablo Neruda, opina: “The late Ignacio Prudencio Bustillo was one of the finest stylists of Bolivia, and Carlos Medinaceli, Bolivia’s foremost critic, has collected the philosophical essays of Bustillo in Páginas dispersas, a volume which is the most important literary work of the year in Bolivia” (23). (El fallecido Ignacio Prudencio Bustillo fue uno de los mejores estilistas de Bolivia, y Carlos Medinaceli, el principal crítico de Bolivia, ha recopilado los ensayos filosóficos de Bustillo en Páginas dispersas, un volumen que es la obra literaria más importante del año en Bolivia).
En 1955 —cuando Medinaceli ya estaba muerto— sale la segunda edición de la novela y dos años después, la tercera. Desde entonces no ha dejado de publicarse, tanto que el número de sus ediciones se pierde en la conjetura. He identificado 25 ediciones sin contar copias ilegales. Tengo noticias de otras dos que no he podido documentar: las publicadas por la Librería editorial Tupac Katari en Sucre. A partir de la década del 70 hasta el 2000 su popularidad se incrementa. En 1976 llega al cinematógrafo dirigida por José Cuellar Urizar y Hugo Cuellar Urizar (Sudameris Films) —“a pedido clamoroso vuelve” se leía en uno de sus afiches—; y sus tirajes salen cada dos o tres años, sin contar numerosas reimpresiones en la prensa nacional engrosadas por copias espurias como La Chascañawi (sic) de 1994, publicada en una imprenta fantasma quién sabe dónde y por quién. El entusiasmo editorial, quizás por la influencia negativa de copias ilegales y formatos electrónicos, mengua en la década del 2000.
La versión del Ministerio de Culturas del Estado Plurinacional de Bolivia y la Carrera de Literatura de la UMSA, data de diciembre de 2012 y, según se lee en “Sobre esta edición”: “reproduce, con correcciones, la edición de 1947” (p. 33). La afirmación, irresponsable si no falsa, prueba que el éxito literario, cuando el autor está muerto, garantiza la impunidad editorial. De sus varias omisiones señalo la más visible debida a un error de impresión. La página 61, en blanco, omite el pasaje que va de: “Adolfo lo observó. Era un hombre guapo” hasta “está rodeada por toda su parentela y especialmente por los amigos que tanto”. La sección corresponde a las páginas 42 y 43 de la primera edición (la copia a la que tengo acceso es propiedad de la Universidad de Pittsburg). Por otra parte, los vocablos en quechua —kesjwa—, que aparecen en notas al pie de página en la prínceps, son “corregidos” como keswa en la edición del Ministerio de Culturas, palabra inexistente en los diccionarios que he consultado. Recurro al internet y encuentro que: “Keswa is an umbrella body of the sex workers led groups and organizations and it exists to strengthen the voices of sex workers and to empower their health and human rights (both male, female and transgender sex workers)” [Keswa es un organismo que agrupa a los grupos y organizaciones dirigidos por trabajadores sexuales y existe para fortalecer las voces de los trabajadores sexuales y potenciar su salud y sus derechos humanos (trabajadores sexuales masculinos, femeninos y transgénero)]. Misterios del Ministerio…
Pese a mis pesquisas no he identificado la edición utilizada por el Ministerio de Culturas. En algunos casos sigue a la segunda y en otros a la tercera que, en general, es la fuente preferida de la mayoría de las ediciones realizadas hasta ahora. Es triste, pero todas las ediciones de La Chaskañawi. (Novela de costumbres bolivianas) son reimpresiones de la segunda y, sobre todo, de la tercera que repiten errores y censuras a la prínceps que sólo se encuentra en bibliotecas especializadas (mi copia proviene de la biblioteca de la Universidad Estatal de Pensilvania).
La lamentable práctica de imprimir obras clásicas sin cuidado justifica una nueva edición de la novela más leída en Bolivia. Mi labor no es polémica. En mi edición —concluida y en busca de una empresa editorial— restablezco lo que Carlos Medinaceli escribió y corrigió por largos y duros años. Ofrezco otras dos razones. La trivial: en 2022 se celebra el 75 aniversario de La Chaskañawi. La importante: hay que volver a leerla tal cual es. Vale.























