Bolivia y la guerra en Ucrania
¿Por qué tendría que importarnos, como bolivianos, lo que ocurre desde hace 369 días en Ucrania?
Es una pregunta legítima cuya respuesta es doble: por un lado, están las consecuencias económicas de la guerra desencadenada por Rusia en Ucrania y, por otro, el drama resultante de la destrucción de infraestructuras en el país agredido, las pérdidas humanas y el éxodo de civiles en ambas naciones.
Aunque Ucrania y la guerra están a casi 12 mil kilómetros en línea recta de Bolivia, el impacto económico comenzó a sentirse a la semana de iniciada la invasión: el precio del quintal de la harina de trigo casi se duplicó en los mercados, pasando de 165 bolivianos antes del 24 de febrero de 2022 a 210 bolivianos el 5 de marzo del mismo año.
Rusia y Ucrania están entre de los 10 primeros productores mundiales de trigo y maíz, ambos países representan el 28,5 por ciento del comercio global de cereales. Y el bloqueo de los puertos en el mar Negro casi colapsó durante varios meses el mercado internacional de cereales. Una situación que puede repetirse.
El impacto de la guerra en el mercado de hidrocarburos, donde Rusia es el tercer productor mundial, también nos afecta, “aunque no es tan evidente por la política de subsidios que tiene el país para la gasolina y el diésel”, señala un estudio del experto energético Mauricio Medinaceli Monrroy, publicado en julio del año pasado.
En septiembre, un informe de YPFB señalaba que, de enero a junio de 2022, “los precios de exportación de gas se incrementaron en un 20 a 25 por ciento y el costo de importación de diésel y gasolinas aumentó en un 80 por ciento”.
Los precios de esos carburantes están subvencionados en Bolivia, pero, como lo constata Medinaceli, “uno de los mayores problemas en un contexto internacional de precios elevados es que los recursos del Estado no son infinitos”.
Esos son los aspectos más significativos del impacto práctico, económico, que la guerra tiene en Bolivia.
Lo que ocurre en Ucrania nos importa también por la destrucción, las violaciones, torturas, bombardeos a hospitales, secuestro de niños y asesinato de civiles denunciados por organizaciones internaciones como la ONU.
Y los muertos y heridos: cerca de 280 mil entre los combatientes y unos 30 mil civiles según estimaciones del Ejército noruego. Además de 8.046.560 de refugiados ucranianos que huyeron de su país a otros Estados de Europa.
Que el Gobierno de un país invada a otro con la intención explícita de “borrarlo del mapa” no puede dejarnos indiferentes, tanto más cuanto “Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz”, como reza nuestra Constitución.


















