Villa Albina. Un viaje en el tiempo a la intimidad de los Patiño
Mucho más que un destino turístico, Villa Albina documenta en su edificación aquella promesa de amor hecha por el magnate del estaño, Simón I. Patiño, para su esposa Albina Rodríguez, que quedó encantada por aquellos valles cochabambinos una tarde recostada bajo un olivar.
Sin embargo, contemplar esta magia no podría haber sido posible si la, ahora denominada, Casa Museo Villa Albina abriera sus puertas al público en mayo del 2019, permitiendo un vistazo único a la vida íntima de la familia Patiño, una de las más influyentes en la historia económica, social y hasta tecnológica de Bolivia.
Esta residencia enclavada en Pairumani, que este 2025 contará con actividades diferentes por el Bicentenario, fue restaurada para reflejar la cotidianidad de la familia, remontando a la época a quienes la visitan y no pueden evitar el vaivén de las miradas a cada mínimo detalle.
“En mayo del año 1927 concluye la edificación de la casa de campo de la familia Patiño Rodríguez, Villa Albina se erige imponente y sobria en las faldas de la Cordillera del Tunari, Vinto, Pairumani”, redacta uno de los periódicos de decoración que se encuentran en la casa.
Dicho escrito hace alusión también a la inauguración de la Hacienda Pairumani, de la familia Patiño, resaltando el gran aporte en tecnología eléctrica y agropecuaria que brindó su creación no solo a la zona, sino, al país.
Con un diseño de influencia mediterránea, la villa cuenta con un patio central que ostenta una gran fuente de agua construida de piedra rodeada de pórticos, 14 habitaciones decoradas en estilos Luis XV y Luis XVI, y una notable colección de muebles de importación y objetos personales de la pareja y de sus hijos que permanecen intactos desde su uso original.
Dentro los espacios más llamativos está la sala de billar, con una mesa traída desde Hamburgo, y el salón de té, donde las mujeres de la familia se reunían mientras los hombres jugaban, en el salón de juegos propiamente y también un salón de baile, como cual novela inglesa de Jane Austen.
También destaca la exposición “Don Simón y Doña Albina, horizontes compartidos”, que exhibe documentos y fotografías sobre la filantropía de la pareja, quienes impulsaron proyectos en educación, salud y banca en Bolivia.
Cada rincón de la villa, incluidos sus exteriores ricos y abundantes en flora, resguarda detalles que transportan a los visitantes a inicios del siglo XX. Desde lámparas de cristal de roca hasta empapelados vieneses, la casa fue preservada en su esplendor original por la Fundación Patiño.
Hoy por hoy, cuenta con espacios para degustar cafetería y repostería, con costos aparte, para mejorar la experiencia.
Para muchos, recorrer sus pasillos es más que una visita histórica: es un viaje al pasado de una familia que dejó una huella indeleble en el país.
Un Domingo en Villa Albina
Este año de Bicentenario de Bolivia, contará con abundantes actividades que resuenen el mismo en el país, y Villa Albina no será la excepción.
Si bien las visitas guiadas están disponibles de martes a viernes de 09:00 a 15:00 y sábado y domingo de 10:00 a 15:00, solo un domingo de cada mes rendirá homenaje a las tradiciones culturales e históricas de cada departamento de Bolivia. Una opción de transporte que puede aportar una buena experiencia es tomar la línea verde del Tren Metropolitana hasta la estación de Vinto. Ya estando en este punto uno puede disponer de servicios de taxis que llevan a Villa Albina por un costo aproximado de 10 bolivianos.
El pasado 16 de febrero inició la primera actividad de “Un Domingo en Villa Albina, edición Bicentenario” dedicada al departamento anfitrión, Cochabamba, donde se resaltó las tradiciones de la capital valluna, su carnaval, folklore y gastronomía.
Los guías se encontraban con atuendos característicos a la época o con las trenzas y tullmas representativas con el sombrero de yeso tan emblemático de la Llajta. Llant´uchas, aguayos, serpentinas y globos que acompañaban la decoración que impregnaba Villa Albina en un ambiente cochabambino de antaño o de sus tradicionales pueblos.
Los manjares culinarios del Valle Alto, como los rosquetes, chorizo tarateño, o los helados de canela y el pan de Arani, daban la esencia e impresión de una fiesta valluna organizada por la familia Patiño en aquellas épocas.
Además, un grupo de músicos autóctonos cautivaron con huayños, cuecas, bailecitos, entre otros ritmos, a los alrededor de mil participantes, divididos en grupos de 50 personas que pudieron gozar tranquilamente de todos los ambientes y actividades en diferentes horarios.
“Dentro la agenda cultural del Bicentenario de Bolivia de la Fundación Patiño en Villa Albina, la segunda versión de este evento será el domingo 23 de marzo en homenaje de Chuquisaca, de 10:00 a 16:00”, enfatizó Nicolás Céspedes, coordinador de cultura de Villa Albina, a propósito de invitar a la población a no perderse de esta actividad que mostrará la escenificación de eventos históricos clave no solo para el departamento chuquisaqueño, sino, para el país.
Con esta iniciativa innovadora de la “Casa Museo”, la Fundación Patiño convirtió Villa Albina en un destino cultural y turístico de relevancia en Cochabamba, ofreciendo a los visitantes una experiencia envolvente en la historia, tradición y el arte de una época dorada.
























