Los honestos, los ingenuos y los cínicos
Entre los que abogan por mejorar las relaciones entre Bolivia y Chile hasta volverlas igual que con las de cualquier otro país limítrofe, lo cual significa naturalmente reestablecer relaciones diplomáticas, se pueden distinguir tres grupos de personas: los honestos, los ingenuos y los cínicos.
La característica fundamental del grupo que detenta una posición honesta es que admite que normalizar relaciones con Chile significa renunciar para siempre a tener una salida soberana al mar, ya sea que lo digan explícitamente, o, más comúnmente, lo insinúen. Los que mantienen esta posición la justifican sosteniendo que no es posible lograr una salida soberana al mar; si eso es así ¿para qué seguir insistiendo?
Desde este punto de vista lo único que se logra al insistir con nuestra reivindicación marítima es tener malas relaciones con Chile en vez de beneficiarnos con una buena relación.
Esta posición tiene la virtud de ser intelectualmente honesta al plantear una disyuntiva clara, optando por la primera opción: o damos vuelta a la página y nos olvidamos de nuestra reivindicación marítima de una vez por todas, o seguimos reclamando inútilmente por una salida soberana al mar.
Otra visión es la de aquellos que mantienen dos posiciones contradictorias entre sí: quieren mejorar nuestra relación con Chile hasta normalizarla, pero al mismo tiempo sostienen que no vamos a renunciar a nuestra reivindicación marítima.
Como ya expusimos en el pasado, (“La disonancia cognitiva en nuestra relacion con Chile”, Los Tiempos del 4 de diciembre de 2025), sostener ambas cosas al mismo tiempo es una contradicción que significa en los hechos que uno de los objetivos es sacrificado.
Naturalmente, dado que mejorar las relaciones con Chile apela a sentimientos atractivos como la reconciliación, entendimiento y buena voluntad, mientras que perseguir nuestra reivindicación marítima de una manera seria y efectiva significa enfrentamiento, lucha y desgaste, lo que acaba sucediendo es que en los hechos se sacrifica la reivindicación marítima.
Este grupo justifica esa posición sosteniendo, explícita o implícitamente, que, en un futuro impreciso, el acercamiento, la buena voluntad y la amistad entre pueblos hermanos dará lugar a que la generosidad de uno de ellos hacia el otro resulte en que Chile nos devolvería una salida soberana al mar.
Difícilmente se podría concebir una posición más ingenua. Pensar que Chile cedería a Bolivia territorio que desemboque en un puerto, el cual también cedería, para que Bolivia tenga una salida soberana al mar, sólo porque en algún momento en el tiempo llegamos a ser pueblos “hermanos” y quieren demostrar su generosidad, es equivalente a creer que Santa Claus existe.
Los países no hacen favores, llegan a acuerdos porque estos sirven a sus intereses, porque son forzados a hacerlos (Bolivia con el tratado de “Paz y Amistad” de 1904), o a una mezcla de los dos.
Por último, hay aquellos que también creen que lograr una salida soberana al mar es imposible, pero no quieren pagar el costo político de decirlo. Por tanto, siguen insistiendo, cínicamente, en no renunciar a nuestra reivindicación marítima, pero que, entre tanto, conviene un acercamiento con Chile. El actual Gobierno es el principal exponente de esta posición.
Esta contorción retorica es un embuste. Se quiere hacer creer que se puede tener los beneficios de una relación normal con Chile, pero que al mismo tiempo no renunciaríamos a una salida soberana al mar. Lo que no explican es cómo se lograría la salida soberana al mar. No lo explican porque no tienen la intención ni, por lo tanto, un plan, para lograrlo.
¿Cómo habrían de tenerlo si no creen que sea posible? Mantener que no se renuncia a “la lucha por el mar” es meramente una pose para distraer y ocultar precisamente lo contrario, esto es, su abandono.
Claro, todos queremos buenas relaciones con Chile, pero la pregunta que debe ser enfrentada y respondida francamente es si eso es a costa de renunciar a nuestra reivindicación marítima. Los que sostienen esta posición nos quieren hacer creer que no estamos sacrificando nuestra reivindicación marítima al normalizar relaciones con Chile, sólo porque mantienen que no se la ha abandonado. Y punto.
No hay ningún esfuerzo, estrategia, plan, nada que avance ese objetivo. Solamente la declaración de la intención. De ese modo intentan quedar bien con todos, con los que quieren restablecer relaciones con Chile y con los que reclaman por nuestra reivindicación marítima. Esta posición es engañosa. En realidad, en los hechos, el acercamiento a Chile es a costa de postergar, indefinidamente, intentar lograr una salida soberana al mar.
Estimado lector, si usted está entre los que quieren restablecer relaciones con Chile a pesar de la perdida de nuestra salida al mar a raíz del despojo de Chile de nuestro litoral y el consiguiente perjuicio, no solo pasado sino presente y futuro, aparte de la perdida de ingentes recursos naturales, ¿a cuál de estos tres grupos pertenece?
El autor es economista
Columnas de CARLOS GUEVARA RODRÍGUEZ




















