Frase para el suicidio humano
Es la noche de “coaches” en el salón de un edificio de la ciudad de Cochabamba. Corazones dispuestos para aprender se reúnen y comparten un tema muy apasionante; nuestro invitado a exponer empieza con un viaje al pasado en la vida de cada uno de los asistentes, las luces se apagan y empezamos a recorrer el tiempo en un video que nos lleva a la niñez.
Los juegos, la inocencia, la esperanza, las creencias, prioridades o hasta risas de esos niños en el video despiertan en cada asistente recuerdos. Definitivamente las reacciones no son las mismas en todos, ya que cada uno vive realidades diferentes, sin embargo, todos coincidimos en que, con el pasar del tiempo y a medida que vamos creciendo, poco a poco nos vamos alejando de la idea de ver la vida con los ojos que los niños la pueden ver.
Palabras como “va de nuevo” y empezar de nuevo sin mucho problema o la capacidad para sentirnos ricos con pequeñas cosas como tener una moneda en la mano y decir “soy rico” ya no aplican en nuestra vida, ya que nunca nos conformamos.
Sin embargo, hay una frase que decía “a que no te atreves” y cuando éramos niños sólo faltaba que nos digan esto para impulsarnos a hacer lo que sea, no poníamos límites y el lograrlo era nuestra inspiración.
Quiero reflexionar sobre esa forma de pensar que hoy ha cambiado cuando crecimos y que ha matado más personas en el mundo que el cáncer o el sida juntos. Me refiero a la frase suicida del humano hoy: “qué dirá la gente”, pensamiento que ha enterrado sueños, proyectos, amores, todo.
Recuerdo con mucho cariño cuando mi mentor coach compartía con los aprendices que hay personas que mueren a los 30 años y los entierran a los 80, en relación con este tema. Límites que nos ponemos, que son mentales e incluso que se pueden denominar como taras que hemos construido a nuestro alrededor.
Porque podríamos creer que somos el centro de las personas o que el mundo gira a nuestro alrededor. Considero que pensar que todos se detienen a vernos es muy pretencioso, por lo que no podemos darle importancia total a lo que digan o piensen los demás.
Para nuestra salud mental y crecimiento pleno personal, debemos esforzarnos en ser coherentes con los que queremos y actuar en consecuencia.
Finalmente, sobre la gran enseñanza que nuestra niñez nos deja en este tema quiero invitarte a seguir el ejemplo de los niños, reír, jugar, creer, tener esperanza en que mañana será mejor. Si para algunos de nosotros no es fácil o nos cuesta un poco, entonces trabajemos en sanar y cuidar a nuestro niño interior del “tú te atreves”.
Coach de vida
Columnas de DANIEL E. GUZMÁN SANCHA


















