El desempeño del TSE
Después de una semana de la jornada de votación de las elecciones general y tres días de la conclusión del cómputo oficial de sufragios –todo un récord de rapidez en el país– los resultados de este proceso electoral, el primero que incluirá una segunda vuelta, tienen un impacto que trasciende la distribución de votos.
Más allá del dictamen político de las urnas, por más sorprendente que nos haya parecido, está el efecto institucional de este proceso en la construcción de nuestra democracia.
Un efecto positivo que se evidencia en la plena aceptación de los resultados de unos comicios que transcurrieron sin problemas ni incidentes significativos, cuya organización y desarrollo carecen de fallas, aunque sus perspectivas parecían sombrías solo hace poco más de dos meses.
Es, sin duda, un proceso electoral impecable y su trascendencia tiene que ver con el inicio de la recuperación de la confianza ciudadana en las instituciones.
El arquitecto de ese logro es el Órgano Electoral Plurinacional, cuyas acciones, concebidas, planificadas y ejecutadas por el Tribunal Supremo Electoral merecen un reconocimiento especial, explícito en las evaluaciones de las misiones de observación electoral e implícito en la ausencia de reclamos o críticas válidas de los actores directamente interesados: las organizaciones políticas que participaron.
Las perspectivas existentes para este proceso no eran optimistas, como lo manifestaba el mismo TSE a principios del mes de julio, cuando publicó que era objeto de “una preocupante escalada de ataques sistemáticos y deliberadamente planificados (…) con el propósito de obstaculizar la organización y realización de las Elecciones Generales 2025”.
Era un momento álgido para cuya resolución el TSE había emprendido, 13 meses antes, en junio de 2024, una iniciativa que consiguió comprometer a otros órganos del Estado: los encuentros multipartidarios e interinstitucionales por la democracia.
El primero de los cuatro que se realizaron fue convocado para el 3 de julio del año pasado y el último se realizó el 12 de junio de 2025. Hoy vivimos un ambiente de paz y consenso, que es resultado de esa iniciativa.
Eso se completó con el desempeño de sus funciones específicas, pues el TSE organizó y ejecutó sin yerros el proceso que nos condujo a los comicios del domingo anterior.
Y culminó esa etapa con la conclusión del cómputo final de los votos en un plazo menor al establecido en la normativa correspondiente y la difusión de resultados preliminares, mediante el sistema puesto en marcha para ese fin: el Sirepre, “con rotundo éxito (…) restableciendo así la confianza de las partes interesadas”, como lo constata la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea.
Entre esas partes interesadas estamos todos los bolivianos, electores o no, expectantes de la continuidad del extraordinario proceso electoral que vivimos y que se encamina a la segunda vuelta, en ocho semanas.




















