Bad Bunny impacta el Super Bowl con un show cargado de simbolismos, referencias latinas y mensajes que generaron debate
Puede gustar o no Bad Bunny, pero lo que no se discute es que hizo historia con su presentación en el Super Bowl. El espectáculo no solo se escuchó, también se interpretó a través de cada detalle visual, con múltiples curiosidades y referencias sobre la comunidad latina.
El show comenzó con la frase “Qué rico es ser latino”, considerada por muchos como una afirmación política en un contexto donde ser latino puede significar ser visto con sospecha. La expresión fue interpretada como un guiño al orgullo y a no sentir vergüenza por la identidad.
El campo de cosechas no fue solo escenografía; representó a los cientos de trabajadores latinos inmigrantes que laboran en los campos de Estados Unidos. Mientras algunos discursos criminalizan a esta comunidad, la escena fue leída como un recordatorio de que el país también se alimenta de su trabajo. Un dato curioso es que las plantas no eran artificiales, sino personas disfrazadas.
La introducción del espectáculo se dio en español, con un estilo similar al de una telenovela. Posteriormente aparecieron puestos y trabajos comúnmente asociados a comunidades latinas: cocos, uñas, construcción, raspadillos —como se conocen en Bolivia— y tacos, además de guiños a banderas de países hispanohablantes. También se vio a los boxeadores Xander Zayas y Emiliano Vargas en plena pelea y un puesto de oro y plata. Estas escenas simbolizaron la economía informal, el autoempleo y el trabajo cotidiano frente a las narrativas que presentan a los migrantes como criminales.
Uno de los momentos más comentados fue cuando el artista derribó la puerta de una casa con una patada, una escena interpretada como referencia al modo de ingreso de operativos migratorios. Cabe recordar que el ICE es el Servicio de Inmigración y Control encargado de deportar a personas indocumentadas en Estados Unidos.
En su camiseta se observó el número 64, relacionado con las muertes que dejó el huracán María en Puerto Rico, un episodio que marcó profundamente a la isla y evidenció tensiones administrativas con el gobierno estadounidense.
Dentro de la “casita” se vio a figuras como Cardi B, Jessica Alba, Pedro Pascal, Karol G y Young Miko. Luego aparecieron detalles típicos de celebraciones latinas: un pastel de boda de varios pisos y un niño dormido en las sillas en plena fiesta. Más adelante se mostró la boda entre una mujer latina y un estadounidense, simbolizando la unión actual entre ambas poblaciones y un discurso de amor sin fronteras.
La entrada de Lady Gaga no fue casual y reforzó la idea de una sociedad mezclada, donde la integración cultural es cada vez más común. La artista incluso bailó al ritmo de la salsa durante su aparición, un gesto que muchos interpretaron como un homenaje a los sonidos latinos. En ese contexto, Bad Bunny lanzó la frase “baila sin miedo, ama sin miedo”, interpretada como un mensaje que trasciende el amor y se conecta con el derecho a vivir sin temor.
Según se confirmó, la boda no fue ficción: la pareja se casó en vivo durante el espectáculo.
El show también mostró recreaciones de barrios latinos con personas bailando. En una escena, el cantante entró a un bar y tomó un shot que le entregó Toñita, dueña del Caribbean Social Club, un local reconocido por la comunidad latina en Nueva York. Asimismo, apareció La Marqueta, un mercado considerado ícono para los latinos en esa ciudad.
Otro invitado fue Ricky Martin, uno de los primeros puertorriqueños en conquistar el mercado estadounidense. Interpretó una canción cuya línea “no quiero que hagan contigo lo que pasó con Hawái” fue vista como una referencia histórica sobre la pérdida de soberanía y las promesas de territorio.
En un momento emotivo, Bad Bunny entregó un Grammy a un niño que lo representaba de pequeño viendo la televisión. La escena destacó la importancia de la representación étnica, sugiriendo que más niños latinos podrían soñar con alcanzar esos escenarios. Se aclaró además que el menor no es Iam Ramos, sino un actor descendiente de argentinos y egipcios.
Durante la interpretación de “Apagón”, el estadio se llenó de chispas mientras el artista subía torres de luz, simbolizando los apagones en Puerto Rico. En una de las pantallas también apareció el sapo concho, especie en peligro de extinción debido a procesos de transformación urbana en la isla.
Para el cierre, Bad Bunny sorprendió al estadio mencionando a todos los países del continente y declarando que América no es solo un país, sino un continente entero. Latinos ingresaron con banderas mientras en pantalla se leía: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, un mensaje que apostó por responder con música y afecto.
Otro detalle que llamó la atención fue la mención a una línea de su música en la que habla de haber soñado con llegar al Super Bowl, interpretada por algunos como una muestra de manifestación personal.
El espectáculo también incluyó guiños a artistas que ayudaron a posicionar la música latina a nivel global, con fragmentos de canciones como “Pa’ Que Retozen” de Tego Calderón, “Dale Don Dale” de Don Omar, “Gasolina” de Daddy Yankee y “Noche de Travesura” de Héctor el Father.
El final mostró un balón de fútbol con la frase “Together we are America” (Juntos somos América), acompañado del mensaje de que no era un grito de victoria, sino de permanencia y resistencia.
Aunque aún no se confirma la cifra oficial de audiencia, se rumorea que el show habría alcanzado alrededor de 144 millones de espectadores, lo que podría convertirlo en el más visto en la historia del Super Bowl, superando los 133,5 millones atribuidos a Kendrick Lamar.
Las reacciones no tardaron en aparecer. Donald Trump declaró que fue uno de los peores shows del Super Bowl, afirmando que nadie entiende lo que dice y criticando su baile. Por otro lado, el presidente boliviano Rodrigo Paz publicó en X: “Somos un gran continente, vienen tiempos mejores… o como dice Benito, mañana será más bonito.”
El espectáculo dejó encantado a gran parte de su público y reforzó el orgullo de ser latino. Para muchos, fue un momento que marcó un antes y un después en el escenario del Super Bowl y que, como dijo el propio artista, hará que ahora todos quieran aprender español.
























